martes, diciembre 02, 2014

OKUPAS

Las personas que más admiro son muy viejas. Ancianos acosados por el Alzheimer, la osteoporósis y el desprecio de los que todavía no son dependientes como ellos, y que sin embargo, sonríen. Maestros de vida. Cuando les preguntas, hablan lo justo y condensan su sabiduría en unas cuantas frases, que van rodando por nuestros adentros durante años o décadas, cambiando muchas veces el sentido de nuestra existencia.

Una de esas personas es Esther. Tiene 90 años. Doctora en Derecho, bilingüe, políglota, autora de varios libros. Anda bastante delicada de salud, con altibajos, algunos graves. A veces le falla la memoria, y no le vienen las palabras, a ella, que ha sido y es una maestra del verbo. Lo intenta un par de veces, y cuando no le salen, te dice, mientras le brillan los ojillos: bueno, tú ya me entiendes. Lo importante no es lo que fuiste. Lo importante es ser útil a los de alrededor aquí y ahora. Ella sabe perfectamente que no le queda tiempo, pero le importa el aquí y ahora.  Sabe que es la actitud la que te hace ser útil a los demás, aunque físicamente no puedas ya casi nada. Sus amigos aprendemos muchísimo de su condición frágil y sonriente. Ella me da más juventud que nadie. Me pone las pilas. Un abrazo grande desde aquí.

Otra de esas personas es José. Médico jubilado hace tiempo, acosado por los achaques, viendo cómo se le mueren los amigos. Me lo encuentro un día en el supermercado. Le pregunto, qué remedio, por su salud. Me mira con esa mezcla de  cara seria y socarrona, riéndose con elegancia de sí mismo, y me dice: mira Claudio, esto es como llevar un okupa dentro. Tienes que negociar con él. No trates de echarlo, porque te puede, y entonces es el desastre. Pero, negociando, unas veces te la pega el okupa, y otras se la cuelas tú a él. Conceder sin ceder. Paciencia. Habilidad en el quiebro, negociación diaria en el zoco del yo con el okupa. 


El okupa. Lección inolvidable. Saber convivir con el okupa. Con los okupas. Esos  marrones que llegan a nuestra vida y no nos dejan hacer tantas cosas que nos hacen ilusión. La enfermedad que se instala sin pedir permiso. El hijo que no salió como esperábamos. La rutina del trabajo de siempre. Nuestros defectos que no hay manera de arrancar. La vida es eso que pasa mientras hacemos planes, dijo John Lennon. Pero Lennon se olvidó del okupa. Por eso, personas como Esther y José son maestros de vida. Enseñan a los demás cómo surfear con arte el borde del acantilado de la felicidad mientras esquivas tantas cosas que se meten en tu vida sin pedir permiso (son okupas). Y es bueno que sea así, para no ser tiranos, caprichosos, niñatos que quieren un mundo irreal a su medida. Aquí y ahora la alegría nunca es perfecta.  Aunque a veces hay excepciones. Esther y José llevan tanto tiempo negociando con los okupas, que incluso ya reman todos en la misma dirección. De ahí su alegría inexplicable. 

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domingo, octubre 09, 2011

The Rebel


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viernes, octubre 07, 2011

ADIÓS



Steve Jobs murió el pasado 5 de Octubre. Nació en 1955 en San Francisco, la misma ciudad que le ha visto morir. Tuvo una hermana biológica que fue dada en adopción junto con él a padres diferentes. Sus padres biológicos eran una pareja de novios, con dos hijos, que no se casaron por discrepancias de la familia política. La madre decidió darlos en adopción. Jobs jamás habló con ellos. La primera familia que lo adoptó, lo devolvió al orfanato. Finalmente, fue vuelto a adoptar por otra familia de clase media-baja, de forma definitiva. Su padre adoptivo era mecánico. Fue él quien le habituó a montar y desmontar cacharros eléctricos, para lo cual tenía una inteligencia innata.

Se matriculó en la universidad, pero la dejó a los seis meses. Sentía que no aprendía nada. También porque veía que sus padres adoptivos no podían pagar las tasas de matrícula. Se apuntó a unos cursos de tipos de grafía y diseño, que luego resultaron esenciales. Entró a trabajar en Atari. Viajó a la India unos meses. Se hizo vegetariano estricto hasta el final de su vida. Comía sólo vegetales orgánicos y pasta. También probó el LSD. Fanático de Bob Dylan, enamorado de los Beatles, fue novio de Joan Baez. A finales de los 70, fundó Apple con Steve Wozniak. Inventaron el ordenador personal en un garaje. Trabajaba sin parar. En su casa no había muebles. Aparecía para cenar, vivía en la empresa. Llegó el éxito. Era un genio. No dejaba hablar. Tenía un ego gigante. Destruía el trabajo de sus subordinados ante el menor fallo. Detallista y minimalista.

Todo fue bien hasta finales de los 80, tras una lucha por el poder dentro de Apple debido al fracaso del nuevo ordenador Lisa, nombrado así en honor a su recién reconocida hija Lisa  nacida en 1978 de su relación con su antigua novia Chris-Ann Brennan. Le echaron a la calle. Fundó su propia empresa, Next, donde creó un potente ordenador que fracasó. Entonces conoció a su mujer Laurene, con la que se casó en 1990. El fracaso de su empresa Next le hizo más humano. Al nacer su hijo Reed, pasó más y más tiempo en casa. Nacieron sus hijas Erin y Eve. Aprendió a escuchar. Se olvidó de la etiqueta: vestía siempre Levis 501, zapatillas New Balance, camiseta negra. Pero los coches, alemanes y caros: Porsche o Mercedes.  Era la fortuna 136 del mundo. En 1996, Apple compró su empresa Next, le readmitió como CEO. La nueva etapa, fue más intensa aún, y mucho más sólida. Es la etapa por la que será recordado como un visionxario que revolucionó la industria: inventó el Smartphone (teléfonos inteligentes) con el Iphone, cambió el negocio de la música con el Ipod, inventó el PC portátil del futuro, el Ipad, hizo que los ordenadores se vendieran sin libros de instrucciones. Que la tecnología fuera bella, útil, estable. 

Sabía que le quedaba poco tiempo. Hace unos días, le pidió a su hijo que le llevara en coche para ver Palo Alto por última vez. Uno de sus mejores amigos, el Dr. Ornish, le preguntó hace poco si estaba contento por el hecho de haber tenido hijos, y le respondió de forma contundente: “es 10.000 veces lo mejor que he hecho jamás”. Se fue despidiendo de sus mejores amigos y fue preparando con Walter Isaacson su biografía, porque quería que sus hijos le conocieran: “no estuve con ellos siempre”, le dijo a Isaacson, y “quisiera que me entendieran y comprendieran lo que hice con mi vida”.

Creía que todo el problema de Microsoft era su falta de gusto. La ética quedaba expuesta en la estética de sus productos. Era un hombre con defectos. A veces creyó que era un dios, pero su mujer le rescató del barro -¡cherchez la femme!-. Fue un hombre complejo. Como todos los visionarios. Un Quijote loco que se empeñó en poner el foco en lugares que nadie había imaginado. Un hombre, y sólo un hombre al fin y al cabo. Pero un hombre veraz. De una pieza. Blindó su vida privada. Nunca perdió el tiempo con frivolidades. El dinero era un medio, no una meta. Murió rodeado por la familia que él nunca tuvo. La luz más intensa, estética más cegadora, la encontró en casa. En esa casa que nunca tuvo de niño y adolescente. Encontrar al fin, el hogar. Volver a casa, para saber quien soy. La vida es corta, y no se puede herir ni ensuciar la eternidad con una vida miserable y mentirosa. No merece la pena. Y otra lección que nos da su vida: el error de sus padres biológicos, se transformó en una bendición para el mundo. Steve Jobs fue dado en adopción porque nació en el año 1955. Si hubiera sido concebido en 1985, quizás no habría llegado a nacer, porque su madre habría abortado antes de darlo en adopción. Lo mismo habría pasado con Obama. ¿Cuantos Einsteins, Nelsons Mandela, Jobs, Teresas de Calcuta, etc nunca nacerán para “que no sufran”? A base de querer evitar el sufrimiento, cerramos la esperanza del futuro. Esa es la raíz que destruye la innovación y la esperanza en nuestra sociedad opulenta. Esa manía de creernos dioses que lo predicen y controlan todo con su pequeña razón. Su segundo padre adoptivo, era un mecánico. Una buena persona, que recogió lo que otros rechazaron. Que le enseñó a soñar con cambiar el mundo desde un garaje. Seguro que el pequeño Jobs le robó muchas tardes a su padrastro. Pero fue una inversión magnífica.




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viernes, enero 07, 2011

EL OTRO LADO DE LA CAMA



Me llevo un gran ramo de flores para ir a visitar a Salva. Hace una mañana fría y radiante. Su mujer está en la habitación del hospital. Me recibe con una sonrisa agridulce. Nos quedamos solos, mientras ella aprovecha para ir a la cafetería y para despejarse un rato. Me quito el abrigo y la careta a la misma vez. Van a ser pocos minutos para hablar él y yo, cara a cara. Está muy delgado. Diagnóstico: cáncer. Nos saludamos. Se alegra de verme, y se nos escapan por el rabillo del ojo unas lágrimas.

La vida ha pasado rápido para los dos, ¿verdad Salva? Sus hijos han crecido y viven sus vidas, unos peor y otros mal. De dinero, anda bien. La crisis, para él es de otro tipo. Toda la vida subiendo la escalera del éxito, escalando la pared, y ahora que ha llegado arriba, se da cuenta de que tenía que haber apoyado su vida en otra pared. Algunas veces hemos hablado en el pasado sobre los valores de fondo tan distintos que guiaban su existencia y la mía. Todo muy educadamente, eso sí. Su edad no es la mía. Yo soy más joven, no podía dar lecciones. Tampoco quiero soltarle mi rollo existencial ahora. Voy allí con ánimo de cargarle las pilas. Pero ¿cómo se anima a alguien cuando el telón de su vida está cayendo?, ¿cómo se anima a alguien desde el otro lado de la cama? Pero quiere guerra. Me dice que siente su vida fracasada: debería haberle dedicado más tiempo a la búsqueda espiritual de Dios, a sus hijos, a angustiarse menos por el éxito y el dinero… Debería…

Le digo que se prepare para el otro lado. Lo que queda es la Eternidad con mayúsculas. La herencia que les dejas a los tuyos, Salva, es sobre todo, como afrentas la muerte. Al final, el que sabe, es el que sabe morir, el que sabe apagar la luz con una sonrisa, el que sabe aceptar la necesidad de los demás, nuestro lugar y momento transitorio en la historia. Dios que te creó sin ti, Salva, no te salvará sin ti. Lo importante es saber recibir la vida como regalo, no como nuestro poder, nuestra creación, porque eso es una gran mentira. Las enfermedades como la tuya nos recuerdan que somos pobres y pequeños. Nos facilitan pedir perdón para abrir el corazón y la mente para recibir más. Nos ayudan a entregar lo que más vale, nuestro yo. Nos ayudan a destruir el miedo de perder ese poco que creemos que es “nuestro”.

Llamamos al sacerdote del hospital. Hablan a solas, le cuenta sus fracasos a fondo. Pide la comunión. Entro en la habitación, me siento en el borde de la cama. Está absurdamente radiante, con una paz inmensa. Su mujer, tiembla, mientras le coge la mano. Se incorpora y me dice que ahora que es pequeño, se siente grande y querido. Al final, Salva, apoyó la escalera en el muro adecuado, la mejor herencia para los suyos.

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lunes, noviembre 23, 2009

TU VIDA EN UNA PELI





A Pilar, In Memoriam. Un beso



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lunes, septiembre 14, 2009

I. Bergman habla sobre la muerte: impresionante

Gracias Mariano

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lunes, febrero 09, 2009

Eluana Englara ya no podrá despertar como Grzebski

Un trabajador de ferrocarril de 65 años, que entró en coma tras un accidente durante la era comunista en Polonia, ha recuperado la conciencia 19 años después, según los medios locales. Así, Jan Grzebski, a quien los doctores pronosticaron entonces sólo dos o tres años de vida, se ha despertado en un país democrático. Al despertar, Grzebski descubrió que tiene 11 nietos, fruto de los matrimonios de sus cuatro hijos, y que la Polonia que él recordaba había cambiado casi por completo.

"Cuando caí en coma sólo había té y vinagre en las tiendas, la carne era racionada y por todas partes había largas filas para obtener combustible", dijo Grzebski al describir sus memorias del sistema económico comunista. "Ahora veo a las personas en la calle con teléfonos móviles y hay tanta mercancía en las tiendas que me marea", agregó.

Grzebski ha indicado que recuerda vagamente las reuniones familiares a las que se le llevaba mientras estaba en coma, así como los intentos de su esposa e hijos de comunicarse con él.

Este hombre responsabiliza a su abnegada esposa Gertruda de su 'resurrección'. "Fue Gertruda quien me salvó", dijo Grzebski, en silla de ruedas, al canal de noticias TVN24. Y es que durante los últimos 19 años, según ha comentado el doctor Boguslaw Poniatowski, ella se ocupó de cambiarle de posición cada hora para evitar los daños que supone el roce continuo del cuerpo con la cama.

[Esta noticia se publicó,entre otros, en el diario El Mundo -cuyo enlace ofrezco aquí- y en toda la prensa nacional, servida por la agencia Reuters, en junio de 2007: creo que sobran los comentarios. Salvo, quizás, una cosa: compárese el comportamiento del padre de Eluana con la de la señora Gertruda Grzebski.

[Vía: Al Margen de los días]

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martes, agosto 05, 2008

ALEXANDER SOLZHENITSIN (1918-2008)

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Rusia es una enorme estepa con once zonas horarias. Lo normal sería que un país de ese tamaño, fuera ingobernable. Pero, paradojas del destino, Rusia es una la nación de la tierra que ha sufrido algunos de los regímenes dictatoriales más perversos. Lo contó como nadie Solzhenitsin, en su novela Gulag, que es un acrónimo de “Dirección General de los Campos”. No se le pueden poner puertas al campo, como dice el refrán. Pero hay una excepción: Rusia. Allí se le pusieron puertas de alambrada al campo, al mundo, al pensamiento. En ese infierno, existían no obstante, dos tipos de personas. En un grupo, las que se dejaban seducir por el sistema, que les prometía ascender a las cimas de la vida (por ejemplo ser responsable del baño o de las raciones de pan), a cambio de ser informantes. Al otro lado se encontraban los hombres que no renunciaban a su dignidad, como cuando aquel preso le responde a un oficial: “el hombre al que ustedes han quitado todo, ya no está supeditado a ustedes, ya vuelve a ser libre”.

En 1961, con la apertura de Nikita Jrushchov, se recibió en la redacción de la revista literaria Novi Mir el manuscrito de Un día en la vida de Iván Denísovich, que describe un día en la vida de un preso del Gulag soviético, donde las estufas eran adoradas como dioses del fuego, el sueño nocturno era una especie de desmayo y la ropa se enterraba bajo tierra y nieve, para evitar los piojos. El director, A. Tvardovsky, se lo llevó a casa un viernes por la noche, para leerlo con tranquilidad. Empezó a verlo en la cama. Cuando se dio cuenta de su importancia, se levantó, se vistió y se fue a su despacho. Luego explicó que aquella obra no podía leerse en batín: "hubiera sido un insulto al autor".

Solzhenitsin se convirtió de inmediato en una figura literaria colosal. El régimen no pudo soportar, e intentó asesinarlo en 1971. En 1973 se publica la monumental Gulag en París. En 1974, es expulsado de la Unión Soviética. En 1994 regresa a Rusia, pero como él dice, los jóvenes ya no leen sus libros, tan cargados de sufrimiento y de páginas. Requiere demasiada responsabilidad. En su obra completa de 30 tomos, el autor mezcla personas, causas, conflictos, confusión, las esperanzas y desilusiones de los seres humanos. Es el lector el que tiene que pensar a fondo sobre todo ello, para comprender porqué un gran pueblo descendió al infierno de esa manera. Sozlhenitsin, es uno de los grandes.

Mas información:

-Excelente recopilación en Aceprensa aquí

-Excelente artículo en Scriptor aquí

-Orras referencias: Compostela

-Sobre el Gulag, una excelente web (inglés)

-Todo lo que quiera ver sobre Solzhenitsin en Technorati Tags

[Diario Informacion, 7/8/2008]

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miércoles, noviembre 28, 2007

El suicida

suicide

No quedará en la noche una estrella.

No quedará la noche.

Moriré y conmigo la suma

del intorelable universo.

Borraré las pirámides, las medallas

los continentes y las caras.

Borraré la acumulación del pasado.

Haré polvo la historia, polvo el polvo.

Estoy mirando el último poniente.

Oigo el último pájaro.

Lego la nada a nadie.

Jorge Luis Borges, El suicida

El suicida en el fondo es (descontando las patologías verdaderamente graves), un ególatra, que no puede tolerar que el mundo le sobreviva. Quiere que el mundo sea sólo suyo. Detesta que haya pluralidad, que el mundo sea de todos, y que ese "todos" le haga percibir el límite de su propio individualismo. En el fondo el capitalismo es muchas veces suicida porque es estúpido: las hormigas que acumulan y acumulan riquezas de forma enfermiza, creyendo que su grandeza económica puede sobrevivirles. De ahí esa seriedad estirada, de ese odio al humor, a la sonrisa irónica, de esa fijeza por lograr el objetivo absoluto de la superriqueza, como si al lograr ese objetivo llegaran a manipular la eternidad.

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viernes, noviembre 02, 2007

FLORES PARA MI ABUELA

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Hoy van los autobuses llenos de abuelas agarradas a los brazos de sus hijos o nietos. Van cargadas de crisantemos, hortensias, gladiolos para llevárselas a sus difuntos. Así, en un día como hoy, los nietos y los hijos asisten al espectáculo del resurgir de la memoria. Se evoca a los difuntos, se recuerdan sus vidas, se arreglan sus tumbas. En medio de la vorágine, las abuelas hacen una parada y permanecen pegadas a los nichos durante horas, mientras los nietos y los hijos, las dejan allí y vuelven rápidamente a sus ajetreos, se rodean de ruido, técnica, velocidad, para no sentir el silencio aterrador de los espacios infinitos (Blaise Pascal) que emerge de aquellas cenizas.



Es normal. Todavía no hemos vivido lo suficiente como ellas. Cuando somos jóvenes, los vivos son la norma, y los muertos la excepción. Llega un momento en que se llega a un “equilibrio”, que al final se rompe: el mar de nuestra vida se llena de barcos hundidos, de “nuestros muertos”, los coetáneos, esos que formaban parte de nosotros. Esos, los íntimos, siguen vivos dentro de nosotros. Su presencia emerge una y otra vez con la viveza siempre sentida del desgarrón, de la ausencia (ver Julian Marías, Mapa del Mundo Personal). Su ausencia nunca es tal. Siguen presentes, aunque vivamos muchos años y tengamos la percepción de que somos unos supervivientes solitarios en un mundo extraño. La supervivencia de entre tantos que han muerto, nos da la sensación de vivir en un mundo ajeno que superamos hace ya mucho tiempo, porque vivimos cada vez más sumergidos en las profundidades de nuestro pasado, viviendo y recordando sin parar la presencia ausente de aquellos que se fueron y que nunca nos dejaron, aquellos que nos reclaman y nos sacan del presente para llevarnos a sus deliciosas estancias.



Todos percibimos que las cosas son y serán así. Las abuelas seguirán llevando flores, se sentarán frente al muro de los nichos, porque perciben que esos cuerpos que veneran, están a medio camino entre las tumbas y sus recuerdos, y las flores son el puente que le da vida a su memoria real, en el mundo presente de las cosas y los hechos. Otros, seguirán yendo a los bares abiertos para cerrar las heridas y aplacar el dolor de los recuerdos con ginebra. A ellos, a tantos, les hacen falta, quizá, unas abuelas cargadas de flores, alguien que les diga, que no se puede vivir sólo con cinco sentidos, que la muerte es un eslabón perdido de la cadena de la vida, que se carga de sentido a este lado del nicho con un puñado de flores y una vida buena.



Diario Informacion

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miércoles, octubre 03, 2007

Eutanasia y gasto de la Seguridad Social

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Me he quedado de piedra cuando he leído la siguiente noticia: EEl 80% del gasto farmacéutico se dedica a los ancianos.



(Berta Lasheras, Directora del Máster de Atención Farmacéutica en Geriatría, Universidad de Navarra)

Los gastos sanitarios, son los que se llevan la parte del león del gasto presupuestario de las Autonomías, de los Estados en todo Occidente. En Cataluña y Valencia, el gasto sanitario se come prácticamente el 50% del presupuesto, si tenemos en cuenta que muchas partidas "sociales" son en realidad partidas que podrían estar perfectamente en Sanidad ( por ejemplo "Bienestar Social", "Dependencia", etc).



Tras la mirada tragicómica y penosa de manipulaciones como la de Amenábar , en Mar Adentro, se esconde el problema de la pa$$ta. Cuando cumplas 80 años, chico, vete a paseo que nos estorbas. Que estúpidos somos en occidente, que no aprendemos de los que más saben, los abuelos (ver artículo mío, que hice tras una entrevista impresionante a Isabel, una abuela encantadora, de 94 años)



Todo esto está muy bien, pero, no hay que olvidar el mercadeo político que se está haciendo del asunto:



El Ministro Bernat Soria está calentando motores para las Elecciones de Marzo de 2008. Tanto el PSOE como el PP, saben que para que el PSOE gane por la mínima, es necesario que la juventud no se quede en casa, que la abstención sea menor del 38 % (ver artículo ). Para ello,hay que "calentar el ambiente": Ley de Memoria Histórica, ataques a la Monarquía, Eutanasia, Educación para la Ciudadanía... Eso, siempre que el Banco Europeo no le pegue un estirón a los tipos de interés, y el mercado inmobiliario español, responsable de toda la década de crecimiento en España, haga crack de golpe. Pero, creo que ZP, ese tren no le pillará en Marzo, sino después. Es decir, no le pillará a él, nos pillará a todos a partir del último trimestre de 2008, donde llegará la "Gran Catarsis" económica: toda la porquería incubada en las cloacas de los círculos de la estructura Estado-Mercado-Medios, saldrá a flote. Nos lo vamos a pasar bien, si nos pilla el Tsunami económico y nos muerde la cuenta corriente....


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jueves, agosto 02, 2007

Ingmar Bergman

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Su cine metafísico es un rollazo para muchos, aunque lo hayan elevado a los altares de la fama artística. Eso de plantearse a fondo y con obsesión quienes somos, que actitud tomar ante la muerte, es una lata, un oficio de legionarios, poetas, místicos, toreros y demás novios de la muerte, que se tienen que enfrentar a ella y aprender a poner buena cara en el trance. Bergman era amable y divertido en sus entrevistas, pero sus películas son duras, obsesivamente pesimistas. Le gusta plantearse los temas ante los que hipócritamente siempre apartamos el rostro: la duda de quienes somos realmente, la enfermedad y el dolor que termina siempre en la muerte, el egoísmo y la falta de comunicación entre los seres humanos, que no logran nunca salir de sus contradicciones. Su obsesión por los espacios cerrados, que se contraponen a los espacios exteriores desolados y solitarios, son un símbolo del alma humana encerrada en el yo de una conciencia insondable y solitaria.

La razón y el intelecto, existen para Bergman, pero son superados por las pulsiones pasionales y contradictorias de la conciencia. Esas contradicciones son exploradas una y otra vez de forma implacable. El yo personal de los protagonistas, muestra a veces ciertos momentos de felicidad, rodeado por un mundo ordenado y tranquilo: casas bien amuebladas, horarios establecidos, status social seguro. Pero la razón ordenadora, no es más que la una sirvienta del yo, un yo que busca despiadadamente satisfacer su felicidad, resolver su identidad, evitar su muerte. Los demás, los otros, existen, pero sólo en la medida en que cumplen la tarea de espectadores del fracaso interior del protagonista. Los que son felices, lo son en la medida en que muestran una tarea social fundamental: sin perdedores no hay ganadores. Pero esos ganadores, lo son por poco tiempo. Tanta angustia, tanto monólogo, no sé, le dejan a uno pensativo. Fue un hombre sin duda valiente, que nos muestra su interior en sus películas, pero dudo mucho que fuera feliz.

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viernes, julio 06, 2007

Novios de la muerte


En algún momento le comenté, que esto de ser filósofo era una lata, y en este caso algo similiar a legionarios, místicos, toreros y demás novios de la muerte, en que además de morirnos teníamos que poner buena cara en el trance, por aquello de que lo nuestro, desde el Fedón, era "aprender a morir".
[Vía]

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jueves, febrero 08, 2007

ÉRIKA ORTIZ



La muerte de Erika Ortiz, cualquier muerte, es una tragedia. Pero mucho más en un caso así. Las imágenes de su cadáver llegando en un día lluvioso y mezquino a un Tanatorio de Madrid quedarán para siempre atadas al imaginario colectivo, a aquellas otras donde su hermana Letizia llegaba a la Almudena subida en el Rolls Royce, en medio de un aguacero infernal. La lluvia la acompañó al entrar en el paseíllo de la fama, regado con los flashes, las cámaras, los micrófonos de los medios de comunicación, y el mismo paseíllo en medio de la lluvia la ha despedido. Para más INRI, su hermana está embarazada de seis meses. Mal fario, gafe,… ¿destino de hermana-de-Princesa?

El dolor de los familiares seguro que es más angustioso, cuando eres una persona pública y famosa, porque las imágenes se multiplican indefinidamente en millones de hogares, y el dolor se mezcla con el morbo, la envidia, y se crea una imagen de la que la familia no se separará nunca, aunque ese imaginario sea irreal. Y para las familias afectadas, la realidad vulgar, la de todos los días seguirá su curso, y el exhibicionismo infame de cosas íntimas, que son las hebras con las que se construye la estabilidad de cualquier vida normal, hace que esa vida sea terriblemente dura. Es verdad, que son personas que disfrutan de momentos envidiables, de acceso a relaciones sociales increíbles, de lujo, de poder.

Pero en el caso de Erika, eso es muy relativo. Además, todo eso lleva asociado un peaje muy alto de aduladores y pelotas asquerosos, de traiciones, de apariencias falsas. Si la ola de lo extraordinario nos encumbra por encima del vulgo, de lo normal, también es verdad, que esa misma ola se puede quebrar en el momento más imprevisto y nos arrastra al dolor más terrible. Mucha gente no entiende que la posición de la Familia Real y la familia de Erika, no es ni mucho menos envidiable. Yo no me cambiaba por nada del mundo. La fama y el poder, está hecha de la materia de los sueños, pero la realidad de la condición humana, también la de la realeza, es mayormente banal y dura como la de los demás. Y cuando, disfrutan de lo más alto, luego viene el tío paco con las rebajas y te arrea un mandoble que no hay Princesa, hermana de princesa o familiar colateral que lo resista. Erika merece ser respetada, así como su familia. Merece una memoria limpia, sin indagaciones asquerosas sobre una realidad íntima que no conocemos ni conoceremos nunca. Descansa en Paz.

Publicado en Diario Informacion
Un link relacionado, sobre el gran farsante Jaime Peñafiel

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lunes, octubre 30, 2006

EL ROSTRO DE LOS MUERTOS

mortuoria

Cuanto mayor es la esperanza de vida en nuestras sociedades abiertas y libres, mas se esconde a los muertos. En las sociedades subdesarrolladas, ocurre como en nuestro país hace no muchos años: los muertos estaban expuestos dentro de los ataúdes en sus casas y se sacaba una mesita de faldones negros a la puerta, donde firmaban los conocidos del muerto. Ahora, se les congela en el tanatorio y se les expone detrás de un cristal, que muchas veces está cubierto con una cortina. Por la noche, se les baja a la cámara. Ya nadie vela a los muertos. A lo más se preocupan porque no contaminen demasiado. Existe una tal Fundación Tierra que ha lanzado la idea de Eco-Funerales para disminuir el impacto ambiental de los muertos. No es broma.

Pero no todos los muertos son iguales. Hay algunos cuyos rostros tienen la belleza de lo acabado. La vida ha abandonado esos ojos, esos labios, esa frente. Pero la vida que ha huido ha dejado la marca del destino cumplido. Creyentes y no creyentes, todos quieren acabar con su tarea de manera digna, no dejar a medias su vida, sembrar en la dirección del viento para que el fruto sea recogido por la generación siguiente. Por eso, se puede intuir en algunos rostros la serenidad, la belleza. La encina, conserva más un rayo de sol que todo un mes de primavera, y el rostro de esos muertos serenos, acabados y cumplidos, encierran todas las etapas e incógnitas pendientes por recorrer por nuestra condición humana, desvelando un poco más el sentido de nuestras vidas.

Esos rostros serenos y calmados de nuestros muertos, son el resultado esculpido de la suma de momentos únicos, que han pasado para siempre, que se han ido acumulado y fijado como erupciones de lava incandescente, con su carga de sufrimientos y alegrías, errores y aciertos. Esos hombres y mujeres acabados, cuando presienten el fin, lo esperan serenos, y entregan el testigo que marca el camino futuro a los que tienen alrededor, tal y como le ocurrió a Gandhi, en las vísperas de su asesinato. Esos rostros llegan a la meta, y por eso nos llegan al fondo.

Y queda la tumba, que nos mira con una mirada dura, tan poderosa como la muerte que ella misma representa. No nos gustan las tumbas. Esparcimos las cenizas en el monte, el mar, porque las tumbas nos queman con su bilis el aliento de nuestras ganas de vivir fluyendo sin fin, sin orígenes ni metas, sin héroes y sin lápidas. Habla Olegario González de Cardenal: “En el primer día libre, tú y tus hermanos volvéis a este lugar y en esa piedra grabáis el nombre, la fecha de nacimiento y la fecha de la muerte de vuestro padre, porque quien no tiene nombre, lugar y tiempo, no existe, y si nadie le recuerda, no es persona. Y si él deja de existir con nombre y tiempo, dejáis también vosotros de existir, porque cerrados sobre vosotros mismos y olvidados de vuestro origen no sabréis quién sois, de donde venís, de quién sois, y ante quién estáis. Os habréis olvidado de vosotros mismos, al olvidar el lugar y los signos que mantienen viva la raíz amorosa de la que habéis surgido”. Así sea.

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miércoles, octubre 11, 2006

La pasión de Anna Politkovskaya

Era una niña de la élite, y lo sabía. Sus padres habían sido diplomáticos en la sede de la ONU en Nueva York, donde había nacido, y eso le permitió ir a las mejores escuelas rusas y leer libros prohibidos que no llegaban a su país. Pero, fue durante esa niñez cuando se forjó su odio a la mentira. Esos cuchicheos en casa, ese miedo disfrazado de diplomacia, hizo que se templara en ella un amor desmedido por la verdad, más fuerte que su mítico valor, más allá de sus ganas de vivir. La búsqueda de la verdad, el deseo de contar sólo lo que pasa, es la razón de ser del periodismo, tal y como siempre defendieron gente grande como Indro Montanelli o Luka Brajnovic. Sus asesinos la mataron de una manera zafia, el día del cumpleaños de Putin y dos días después del cumpleaños del nuevo matarife-gobernador de Chechenia, un tal Kadyrov, hijo del anterior carnicero-presidente, que tiene incluso un ejército privado denominado Kadyrovtsy. Está claro quien dio la orden. El último trabajo que estaba preparando Anna, hablaba precisamente sobre casos bien documentados de torturas. El expediente estaba en su ordenador, y se llamaba exactamente así: “Kadyrovtsy”. Cuando la asesinaron, lo primero que hizo la policía fue llevarse su ordenador. Ese artículo no saldrá nunca a la luz, pero ella ya estaba acostumbrada. Su libro, la Rusia de Putin, un bestseller traducido a numerosos idiomas, no ha sido nunca publicado en Rusia.

Era una mujer guapa y tímida, siempre seria, con unos ojos miopes que te miraban fijamente, que emitían un hilo de brillo sutil que llegaba desde lo más hondo y te acababa por conquistar. Su determinación me conmovía siempre, recordándome las palabras de Teresa de Avila, una determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, siquiera se hunda el mundo, siquiera se muera en el empeño. Por eso era tan enormemente popular y tan querida en Rusia. Por eso estaba tan sola. A ella sólo se acercaban dos tipos de personas: los que querían matarla, y los que sabían que iban a morir al darle una determinada información. Los demás la abandonaban, como su marido, ese cobarde, que la dejó en 1999. A los hombres-niño, siempre nos han enseñado las mujeres-madre como ella, de qué hebras humanas está hecha la valentía. Que se lo cuenten a las madres de la Plaza de Mayo.

El principio de su fin comenzó en 1998, cuando fue a Chechenia a entrevistar al presidente

Maskhadov. En 1999 estalló la segunda guerra de Chechenia, y ella intuyó que esa guerra era el principio del fin de la libertad en Rusia, porque Putin la utilizó para hacer subir su popularidad y asegurarse la elección en Marzo del 2000. La guerra fue absolutamente brutal, y prueba de ello son las terribles imágenes que se pueden encontrar en Internet de la ciudad de Grozny antes y después de la guerra (ver aquí). Parece un queso gruyere, y eso que la imagen está tomada a cientos de kilómetros desde el espacio. Anna fue decidiéndose cada vez más a contar lo que pasaba allí, y su táctica fue muy simple. Contaba lo que veía, doliera a quien doliera, y que mejor sitio para analizar lo que pasaba que ir de visita a los hospitales de campaña y los hospitales civiles. Sus artículos estaban bien documentados, y criticaban también ferozmente a la guerrilla. Pero los chechenos, a pesar de haberla querido matar en numerosas ocasiones al principio, la respetaban. Por eso le pidieron que hiciera de mediadora en la crisis del teatro de Moscú. Por eso trataron de envenenarla cuando se dirigía a Beslán para mediar en el secuestro de la escuela.

Conocía bien a su pueblo. Una vez comentó que la mayor tragedia del pueblo ruso era su status de esclavos y su fascinación por la esclavitud. Si como dijo Chesterton, la tradición es la democracia de los muertos, en Rusia ha habido muchos esclavos, y por eso los rusos no saben vivir en libertad. Pero Putin debería tener cuidado. Pascal comentó una vez que si la curvatura de la nariz de Cleopatra hubiera sido distinta, la faz de la tierra habría cambiado para siempre. La Historia tiene esos caprichos, señor Putin. Los pueblos respiran con los dos pulmones de la memoria y la esperanza por la boca de la verdad. Puede que a veces cometan el error de respirar más con la memoria y olvidarse de la esperanza, como ocurre con los nacionalismos. O puede que sea al contrario, y se obsesionen con el futuro de la utopía, de la que se espera casi todo, como ocurrió con los revolucionarios del XIX. Pero a un pueblo no se le puede tapar la boca de la verdad siempre. Su régimen señor Putin, es una dictadura moderna, basada en monopolios del gas y el petróleo, y en el control del arsenal atómico. Con el dinero de ese monopolio, una banda de delincuentes gobiernan Rusia, con la UE mirando para otro lado. Eso no es un estado, sino una banda de ladrones, porque falta la justicia. Ya lo advirtió Agustín de Hipona hace 1600 años señor Putin.

El miedo ha movido a los asesinos de Anna, pero con miedo no se puede vivir eternamente. Anna sabía como Sócrates, una de las columnas de la civilización europea, ya advirtió a los atenienses que la podredumbre moral es ignorancia, y que más vale sufrir la injusticia que realizarla, porque realizarla supone ignorar que el mal daña más radicalmente a quien lo realiza que a quien lo padece. Por eso Sócrates prefirió morir a dejarse corromper. Por eso Anna es y será grande, y su memoria arde como una zarza encendida e incombustible. Por eso, ella es la punta de un iceberg que brilla como un diamante en el océano de la mentira, esa testosterona con la que dopa Putin su imperio con pies de barro mediático-estatales. Descansa ya en paz, Anna. Si tú no existes aquí y ahora, es que no exististe jamás, y eso es simplemente mentira. Tú lo sabías, y por eso no te detuviste jamás.

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viernes, junio 02, 2006

LA ULTIMA GOTA DE ROCÍO

Rocío escogió una vida dura, porque necesitaba la altura desde la que desprenderse del fuego que la abrasaba por dentro. El fuego, lo llevaba envuelto en las Españas profundas de la copla y del flamenco. Tenía una voz enorme. Era “nuestra voz”. Cuando la entrevistaban, le hacían fotos, posaba. Siempre posaba. Uno se topaba con una muralla, que era desbordada enseguida por la fuerte personalidad de una mujer “echá p’alante” pero frágil. La vimos conJesús Quintero hace no mucho en una entrevista impresionante, de largos silencios, donde ya tenía toda la vida y su temprana muerte, bordada en la boca y la mirada. Fue su despedida del escenario público, para recogerse definitivamente en casa, ese lugar donde la envidia no te da alcance, y el color negro del luto se intenta blanquear con la presencia íntima de lo más tuyo, tu familia.

Pocos se atreven a ser artistas, porque la tarima, el escenario, es traidor. Las giras de ciudad en ciudad, son duras. Se duerme poco, se come mal, los managers te engañan, y uno no sabe por donde le va a salir el público aquella noche. En los teatros y las salas de fiestas, desembocan muchos ríos de pasiones que son difíciles de cabalgar. El hombre, la mujer que logra cabalgarlos, entra en el Olimpo de los Dioses, pero, los Dioses se comen siempre tu intimidad, tu vida privada, y una, pensaría ella, ya no puede ni morirse en paz. Hay que plegar las velas de las lágrimas, escudarse con gafas negras que son mas grandes que tu rostro, mantener la pose, ahora, en el momento más duro, cuando sólo apetece cantar entre lágrimas aquella sevillana de “algo se muere en el alma, cuando un amigo se va”.

El escenario te encumbra, pero estás muy solo, porque cuando te subes a la montaña rusa de la fama, las caídas, las insidias de la Envidia Nacional, hacen sufrir lo indecible. Y encima, cuando los sufrimientos de la vida te empujan por dentro como una ola y necesitas desaguar el marasmo, porque el artista es ante todo persona como nosotros, no sabes en quien apoyarte, porque los amigos son pocos y traicioneros, y sueltan la lengua en cualquier antro de pornografía rosa, que eso ahora vende muy bien. Descansa en paz, Rocío.

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lunes, abril 03, 2006

In memoriam perpetuam: Sobre Juan Pablo II

Hace un año murió Juan Pablo II. En recuerdo de su persona, y en recuerdo de aquellos días inolvidables, traigo a colación un artículo mío publicado en aquellas fechas:

EL CUERPO

La muerte se oculta en nuestra sociedad. Se beatifican los cuerpos, los muslos, la tersura de la sonrisa profiden. Corporación Dermoestética llena de aire las alas de nuestros miedos, nos eleva por encima del estertor de la arruga, que ya no es bella. Cambiamos de pareja, pero nunca de cirujano plástico. Comemos cada vez más verde y ecológicamente, para estrujarle la libido al dichoso dios Thanatos, el de la guadaña. Al mismo tiempo, nos inyectamos botox en los pulmones del alma, que son los labios, para que vuelen nuestras palabras a alguna pantalla plana inmaculada, una pantalla que nunca ha concebido el pecado del dolor o la tristeza, porque surfea en un mar de anuncios sin fin, de risas, de héroes vacíos e idiotas felices. Los talk shows llenos de expeluqueras de barrio que devoran afrodisíacos sentimentales, son la música decadente que decora brutalmente la infancia de nuestros hijos. La belleza es la justicia, pero la justicia no existe porque los sanedrines mediáticos nos telepredican que el amor es fruto de la casualidad y la lucha libre sin reglas entre cuerpos extranjeros que se hunden sin remisión en el inmenso mar de la nada.

Sin embargo, estos días se ha obrado el milagro. Tecnópolis no puede controlar la incontenible marejada, y los tentáculos de la omnipantalla se han quedado parados en un cuerpo. Una inmensa muchedumbre llenando las calles de Roma, como si fueran las salas de espera de la esperanza. Buscan rozar el sacramento maldito de nuestra civilización, un cuerpo muerto. Lo necesitan, porque una intuición ha sacudido hasta los tuétanos nuestro pequeño planeta azul: aquí hay un santo enorme, una personalidad gigantesca. Los teólogos críticos, ¿dónde han quedado? ¿Quién acude allí a ver el cuerpo exprimido de un anciano? El pueblo.

El anciano tiene el rostro hecho un bloque acementado con dolor y agonía. Su cabeza viste una mitra, que representa las dos hojas de la sabiduría divina esculpida en la revelación bíblica del Antiguo y el Nuevo Testamento. Su báculo, es recto, no como el de los obispos, que están doblados, en reconocimiento de que por encima de ellos está el sucesor de Pedro. Pero ese báculo recto que simboliza su autoridad, está coronado con una cruz doblada por el peso de un Cristo muerto. Varón de dolores, conocedor de todos los quebrantos, dice el profeta Isaías. Wotyla quería eso, suspiraba por eso. Simón hijo de Jonás, Petrus, la roca que no se cansaba cuando era más joven, la roca que machacaba a cansancio a los periodistas en los viajes, hasta que no podían más, mientras se preguntaban de donde una persona de 70 años sacaba fuerzas, para seguir y seguir trabajando sin fin. La roca, tenía un secreto, escándalo del mundo. Juan Pablo II arrojó todo su cuerpo y su inmensa alma con una fe gigantesca en el abismo de un Dios molido, machacado a golpes. Él sabía que la única forma de atravesar el corto pero profundísimo abismo de 30 kilómetros de largo entre su hogar de Wadowice y el campo de Auschwitz , era agarrarse al madero del Cristo, a la Cruz. Dios es el ser, y el mal es la ausencia del ser. Por eso Dios escogió a una roca, a alguien que tenía la estabilidad ontológica más fuerte que se podía tener, que es la de la comprensión de la Cruz.

El 7 de octubre de 2002, con la plaza de San Pedro llena, vino a verle el patriarca Teoctist I de Rumanía, que forma parte de la iglesia ortodoxa. Nada más llegar, el Papa, le abrazó, se levantó y le cedió su silla.La silla de Pedro se puede ceder, pero no el báculo del Cristo roto, muerto,machacado. Ése era sólo suyo. Quería ir tras Jesucristo, y darse hasta el extremo final. Lo demás no le interesaba. El mandaba en la Iglesia, sí, pero mandaba agarrado a ese madero doblado por el peso de un Dios muerto, de un Hombre triturado que ha plantado su tienda en el corazón del hombre, bebiéndose el humillante cáliz del dolor de cada ser humano. Ahora los jóvenes de las jornadas de la juventud llevan una Cruz sin cristo, de madera, por el mundo.

Ellos le entendían bien. El Papa yace muerto y el tiempo se para en las plazas de la memoria. No recuerdo nada semejante. No hay cronista que sepa recoger el shock que la modernidad está sufriendo con este acontecimiento. Una plaza llena de gente, rezando el rosario. El mundo asaetando con la mirada digital de las cámaras unas ventanas desde las que se oía el débil susurro de la agonía. Termina el rosario, ese rezo insistente, y los teletipos empiezan a vomitar lo que ya se sabía. Ha muerto Wotyla. Se sabía, pero yo no sabía que un anciano vestido con vestiduras litúrgicas, iba a ser rezado por una marea tan gigantesca de muchedumbres que no quieren dormir, no quieren comer, no tienen billete de vuelta. No hay tiempo hasta el entierro para verle. Es una democracia que arrasa las expectativas de un estado ridículo, el Vaticano, más pequeño que varios campos de fútbol. Los cardenales, que votan el nuevo Papa, están siendo chantajeados de forma brutal por un mar de gente, por el sensus fidei del Pueblo de Dios, que ya les indica la dirección en la que tienen que elegir, en que dirección tiene que ir la Iglesia del nuevo milenio. Para que este mundo quede completo, no debemos de olvidar jamás que hay que pintarlo con un pedazo del otro, porque la realidad remite a otro lugar. Auschwitz nos llevó a Wadowice, y Wadowice nos llevó a Roma. Roma caput urbi terrarum.

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viernes, marzo 17, 2006

HE AQUÍ EL HOMBRE




Cuando era un adolescente, íbamos a ver de vez en cuando a ver procesiones de Semana Santa. La calle estaba alegre y llena de gente. A eso de las dos de la madrugada, todo el mundo se iba a cantarle a la Virgen una Salve. En mi pueblo, el trono de la Virgen, siempre va el último. Pegado al trono, va el piquete de soldados (que está a punto de desaparecer, porque ya no hay soldados :( ), a toque de tambor y corneta, golpeando rítmicamente los adoquines. Al terminar la procesión, en una plaza y calle abarrotados de gente, se le da la vuelta a la Dolorosa, para meterla de espaldas a la Iglesia., mientras los costaleros sudorosos la mecen suavemente, totalmente entregados, porque el último acto de aquella representación va a comenzar. La imagen más querida es una imagen que llaman ”la Piedad”, con su cara macilenta, mirando hacia abajo rota de dolor, con el color de la muerte. Me ha recordado siempre a aquellas mañanas de tanatorio, donde el muerto, los familiares y amigos más íntimos tienen el mismo color grisáceo, pálido, como si hubiera pasado un trolebús por el alma de todos ellos y hubiera arrasado todo lo que contiene la vida, porque la vida es querer a otros, y si se van esos que amamos, ya no queda nada, y nos quedamos como desarbolados de dolor, muertos, aplastados por trallazo de un tiempo que fue feliz pero que ya nunca volverá.
De pronto, sonaba la corneta del tercio, y se extendía rápidamente un silencio como un calambre repentino que paralizaba los pulmones de la multitud. Se comenzaba a cantar como en un murmullo, cogiendo fuerza poco a poco, y al llegar a “a ti suplicamos los desterrados hijos de Eva”, las voces subían de tono hasta quebrarse en las gargantas, mientras las lágrimas corrían como vidrios ardientes por las mejillas y las almas. Hay quien nunca reza, pero, cuando se está allí, hasta los más duros se acongojan, porque se ven ellos mismos necesitados, porque la vida de cada uno de ellos es a veces dura, fugaz, torva, espantosa. A veces, no vale nada huir de la condición humana, y se vuelve al origen de todo. La madre, la madre, siempre es la madre la que nos lleva al origen de todo aquello que perdimos, la que nos saca del destierro de la desmemoria, a la que pedimos que acoja a los que ya no están, que nos guarde de nuestra fragilidad.
También recuerdo aquellas procesiones que salían del al barrio de los pescadores, de madrugada, aquellas madrugadas de sueño y tabaco para aguantar. En mi pueblo hay una imagen muy venerada que se llama simplemente, “El Jesús”, un Jesús con la cruz a cuestas, una de tantas, a la que tienen mucha devoción la gente de ese barrio humilde, con alguna iglesia desconchada donde van unas pocas viejas a rezar rosarios en los rincones. La procesión comenzaba en el ecuador de la madrugada. Al Cristo lo llevan pausadamente, haciendo tiempo mientras los hombros de los costaleros se llagaban con orgullo, lentamente, haciendo tiempo para que “El Jesús” se encontrara con la Virgen al romper el alba en la Plaza del Lago, que así se llama. Entre parada y parada, mientras lo mecían en silencio, arrancaba un alguien a cantar una saeta que se iba cuajando poco a poco en su voz rota mientras el Cristo quedaba suspendido en un suave bamboleo de hombros. En medio del silencio, a palo seco, crujían las junturas del alma de aquel marinero de la vida. La multitud estaba quieta y hasta los suspiros se helaban, se cerraban los ojos y la vida pasada, para arrojarse con todo su ser a aquel momento, para concentrarse en la letra y la hondura de aquél dolor ardiente que emergía de la garganta de un hombre, que esa noche era como una fuente desde la que nos llovía a todos una petición de misericordia al bellísimo Jesús, ese Jesús que nos miraba compasivo desde lo alto de una cuna mecida por hombros de hombres rudos, que por una vez volvían a ser niños para que su Jesús los acariciara de nuevo con aquellos ojos, los más bellos del mundo, porque la amargura del más salvaje de los abandonos y sufrimientos, había sido transformada milagrosamente por aquel Cristo en compasión y misericordia. Si el desamparo y el abandono de Dios no es compasión que nos protege, ¿a quien acudiremos? ¿Dónde iremos, si sabemos que en el tope hondo, en el granero donde blindamos nuestra humanidad más íntima no somos más que un montón de fragilidad vanidosa y débil? Todavía me dura la herida, todavía me sangra la memoria, es una cicatriz que llevo en el cuerpo de mi vida, como un tatuaje que me hubiera llovido desde el otro mundo. Mi amigo Fernando, que es de Valladolid, me ha contado que hace unos años con la exposición “Las edades del hombre”, restauraron la figura del “Ecce Homo” de Gregorio Fernández, el máximo exponente del barroco del XVII. Al sacarle los ojos para restaurarlos, detrás de ellos, había una nota escrita que decía “Señor, ten piedad de mí”. Analizaron la escritura, y se demostró que efectivamente era del artista. Esto de la Fe es muy personal, y hay mucha gente que no sabe que creer, pero, comprendo perfectamente al artista. Gregorio Fernández, quiso esconder esa frase para “su” Cristo, porque, cuando se quiere a alguien, se le entrega lo más íntimo, el corazón, y el corazón es el único que puede y que tiene permiso para ver el universo de la persona a la que se ama. El universo del amado, es un lugar infinito, porque es un no-lugar, donde cada una de las miradas del que nos ama tiene una luz distinta, una sutileza única, no nos cansa, siempre hay un ir y un volver. Ecce Homo. He ahí el hombre, aquel quien ha triturado, atrapado el dolor, pero que no se deja vencer por él, que tiene compasión. ¿No anhelamos en el fondo que ese milagro ocurra en nosotros? ¿No suspiramos en el fondo para que Dios nos mire así? He ahí el hombre, Ecce Homo.

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martes, enero 03, 2006

LA MUERTE

Acompaño a Oreste a ver a su abuela Isabel a la residencia de la tercera edad. Isabel es una mujer de 93 años, con una cara ancha. La habitación es pequeña, con una televisión que rompe el silencio de la estancia. Las paredes están llenas de fotos de nietos, hijas, sobrinos, poemas hechos carne donde se parapeta su vida. Se alegra de nuestra visita. Oreste le pregunta como está, y ella responde con una alegría cargada de dolor, de ausencias, de memoria. Algunos de esos familiares, que es lo único que le queda, porque ya los amigos murieron todos, no vienen a verla. Menos mal que el balance de todos ellos es todavía positivo y le permite no romper el pacto con el resto de los hombres. Ella, que tiene tan asumida la transitoriedad de su estancia, no entiende como los demás viajeros convocados a la vida por ella misma, hace ya tantos años, colgados con ilusión en la pared de su celda como carteles de toreros en la plaza de las ventas de su mundo, esos, que tomaron la alternativa gracias a sus trabajos, su esfuerzo, su fortaleza, no se asomen al más allá de sus vidas, yéndola a ver de vez en cuando. Sus ojos alegres forjados por el dolor, lo saben, y por eso les perdona. No van a verla, porque tienen miedo de ver el límite. Hay que tener mucho valor para venir a ver a Isabel. Por eso Oreste vino conmigo, y los dos nos apoyamos con preguntas cruzadas, porque no sabemos qué decirle a Isabel, que con su calma nos cuenta lo que somos nosotros, lo que es la rutina de nuestra vida que se acerca a la muerte, como una hoja de otoño a punto de caer en la eternidad. Isabel, una sencilla limpiadora, me agobia. Su límite está demasiado cerca del mío, y me dice “así, se pasó la vida”, confiada, mientras mira de reojo un crucifijo, al que se agarró tantas veces mientras le cobraban el peaje de su existencia con un dolor extremo, que ahora, le da una enorme paz que a nosotros nos tritura, nos hace sentirnos zafios, ignorantes, cuando, tras cada palabra suave, cierra esos labios amables, afilados, a medias entre la brizna de hierba y el acero. No podemos imaginar como será la otra vida, si la hay, porque ningún necio puede afirmar lo que no ha visto, pero, aquella calma de Isabel ¿de donde le viene? Publicado en Diario Informacion

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