jueves, febrero 08, 2007

ÉRIKA ORTIZ



La muerte de Erika Ortiz, cualquier muerte, es una tragedia. Pero mucho más en un caso así. Las imágenes de su cadáver llegando en un día lluvioso y mezquino a un Tanatorio de Madrid quedarán para siempre atadas al imaginario colectivo, a aquellas otras donde su hermana Letizia llegaba a la Almudena subida en el Rolls Royce, en medio de un aguacero infernal. La lluvia la acompañó al entrar en el paseíllo de la fama, regado con los flashes, las cámaras, los micrófonos de los medios de comunicación, y el mismo paseíllo en medio de la lluvia la ha despedido. Para más INRI, su hermana está embarazada de seis meses. Mal fario, gafe,… ¿destino de hermana-de-Princesa?

El dolor de los familiares seguro que es más angustioso, cuando eres una persona pública y famosa, porque las imágenes se multiplican indefinidamente en millones de hogares, y el dolor se mezcla con el morbo, la envidia, y se crea una imagen de la que la familia no se separará nunca, aunque ese imaginario sea irreal. Y para las familias afectadas, la realidad vulgar, la de todos los días seguirá su curso, y el exhibicionismo infame de cosas íntimas, que son las hebras con las que se construye la estabilidad de cualquier vida normal, hace que esa vida sea terriblemente dura. Es verdad, que son personas que disfrutan de momentos envidiables, de acceso a relaciones sociales increíbles, de lujo, de poder.

Pero en el caso de Erika, eso es muy relativo. Además, todo eso lleva asociado un peaje muy alto de aduladores y pelotas asquerosos, de traiciones, de apariencias falsas. Si la ola de lo extraordinario nos encumbra por encima del vulgo, de lo normal, también es verdad, que esa misma ola se puede quebrar en el momento más imprevisto y nos arrastra al dolor más terrible. Mucha gente no entiende que la posición de la Familia Real y la familia de Erika, no es ni mucho menos envidiable. Yo no me cambiaba por nada del mundo. La fama y el poder, está hecha de la materia de los sueños, pero la realidad de la condición humana, también la de la realeza, es mayormente banal y dura como la de los demás. Y cuando, disfrutan de lo más alto, luego viene el tío paco con las rebajas y te arrea un mandoble que no hay Princesa, hermana de princesa o familiar colateral que lo resista. Erika merece ser respetada, así como su familia. Merece una memoria limpia, sin indagaciones asquerosas sobre una realidad íntima que no conocemos ni conoceremos nunca. Descansa en Paz.

Publicado en Diario Informacion
Un link relacionado, sobre el gran farsante Jaime Peñafiel

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1 comentarios:

Blogger Francisco M. Ortega Palomares ha dicho...

La muerte de Érika y la de cualquiera debería ser respetada.

Y ahora me viene a la cabeza aquello que escribió Wiggenstein: "la muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive".

1:15 a. m., febrero 10, 2007  

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