MATAR A FACEBOOK
Si,
confieso que he matado. He matado a mi perfil de Facebook. No soportaba más que mis
amigos, mis fotos, mis extrañas orientaciones políticas, mis hábitos
alimenticios, mi equipo de fútbol, mis friki gustos musicales o mis lugares de
viaje preferidos, quedaran en manos de Mark Zuckerberg, el fundador de
Facebook, un niñato multimillonario de veintitantos años con cara de angelito
en zapatillas deportivas, que no suelta ni un dato de todo aquel que entre en
su red social. Aunque te marches de Facebook, Mister Zuckerberg se queda para
siempre con tus datos que quedan desperdigados en cuatro grupos de servidores
repartidos por el planeta (tres copias de seguridad), para venderlos al mejor
postor ¿Por qué se creen ustedes que Facebook es gratis?
Porque esperan sacar
mucho dinero con sus datos, datos que le definen a usted mejor que los datos
que tiene el Español sobre usted. La gota que colmó el vaso de mi paciencia han
sido las declaraciones de Zuckerberg en el Foro Económico Mundial de Davos, que
a la gente ya no le interesa su privacidad.
Las declaraciones han mosqueado al
personal, comenzando el gobierno Canadiense y siguiendo por la Comisión Europea, que el 28 de Enero anunció su propósito de mejorar en la UE la
protección de la seguridad y los datos personales, y la adaptación de las leyes
a las nuevas realidades de las redes sociales y de Internet. El portavoz de la
Comisión indicó que la innovación, no debe ir a costa de una pérdida de
privacidad, dejando claro que las personas tienen derecho a decir no y a salir
de una red en cuanto les de la gana.
El problema es que eso a Facebook le trae
al fresco, porque procesa y copia los datos fuera de España, y si le da la gana
fuera de la UE. Los procesan en EEUU, allí donde cualquier empresa tiene los datos
privados de cualquier segmento de la población, porque la ley lo permite. El
salvaje Oeste lleva camino de convertirse en paradigma mundial. Aquí, como en
América, se vende todo. En fin, ándense con ojo. Gran Hermano Facebook va a
hacer una salsa muy rica con sus vísceras más íntimas. Luego las subastará en la plaza
pública al mejor postor. Da miedo. Empezamos con Google, que acumula todas
nuestras búsquedas de los últimos seis meses o incluso más, tal y como les
obliga la ley americana Patriot Act y hemos acabado en Facebook. Lo maté porque era mío,
pero Mr. Zuckerberg se niega a devolverme mis datos. Facebook es un libro de
caras que tiene una jeta como un piano. Conmigo que no cuenten.
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Etiquetas: Columnas

