lunes, febrero 22, 2010

Carne de Tiger



Tiger Woods, el deportista del golf profesional con más talento de la historia, convertido en icono en sólo una década, apareció el pasado sábado en una conferencia de prensa pidiendo perdón en público sin su gorra Nike, sin sponsors. Los sponsors no están para bromas. Accenture y Gillete le han dicho bye-bye, Nike se lo está pensando. General Motors le ha dicho que de ruedas gratis para su Cadillac, nada de nada. Que frágil es el sueño americano a veces. Todo iba bien en su urbanización de lujo, cercada, con seguridad privada, situada cerca del aeropuerto de Orlando (Florida), ya que volaba sin parar y dormía fuera de casa más de doscientos días al año, entre torneos y obligaciones de promoción publicitarias. Pero una noche, tras una discusión por sus infidelidades, su mujer salió en su persecución con un palo de golf, y el enorme todoterreno Cadillac de sus patrocinadores, acabó chocando contra una toma de agua contra incendios y empotrado en un árbol. Los vecinos, escandalizados llamaron “a seguridad”. La CNN cercó la casa, y por las televisiones empezaron a desfilar ex amantes. Miles de montajes fotográficos y chistes saltaron a Internet. A las cuarenta y ocho horas, apareció en Youtube una reconstrucción en dibujos animados “3D” de un minuto y medio (un “avatar”) realizada en Hong Kong por la empresa taiwanesa Next Media, que inmediatamente tuvo una audiencia de decenas de millones de personas.




Conviene preguntarse si todas estas estrellas del deporte profesional son “deportistas”. Yo creo más bien que son personas, con aciertos y limitaciones, y con mucha más presión de la que nos creemos. No es normal que eventos deportivos como el tour de golf profesional PGA tengan esa enorme cantidad de torneos. En baloncesto, por ejemplo, un equipo como Los Angeles Lakers, tiene una media de tres partidos por semana, de costa a costa de Estados Unidos. Los “deportistas” viven en hoteles, sin derecho a la intimidad, acosados por fans, paparazzis, agentes, sponsors publicitarios. Ninguna persona que viaje doscientos días al año puede tener una vida privada normal. Y mientras la industria intenta exprimir al máximo la corta vida profesional del deportista, la ropa, los balones, las gorras se hacen en Indonesia u Honduras, pagando menos de un dólar al día en condiciones infrahumanas (ver ejemplos en el documental The Corporation). ¿Tiene todo esto algún sentido?




Un sistema de deporte profesional que busca en primer lugar estrujar al máximo a las personas como si fueran objetos para sacarles el máximo rendimiento económico, es un sistema que promueve el consumo de sustancias de doping, un sistema que destruye a las personas, que devora a sus propios ídolos, es un sistema con pies de barro. Esto, en teología se le denomina una estructura de pecado, y por eso, las vidas personales de tantos deportistas dejan tanto que desear. Cada persona tiene su responsabilidad personal, pero no es normal que la inmensa mayoría de los deportistas de la NBA, por ejemplo, sean incapaces de formar una familia, ganando los sueldos que ganan. Esto es así, porque no se les permite desarrollarse como personas por la presión del dinero.




Tiger Woods es un superdotado del golf, pero no es un superman. Y lo mismo le pasa a Pau Gasol, Cristiano Ronaldo, o quien sea. Desgraciadamente, la industria parece que va en otra dirección. Vamos a tener fútbol casi todos los días. Luego se morirá otro futbolista en el campo. No puede ser que el deporte profesional se transforme en una máquina de picar carne. El cuerpo tiene límites. No puede ser que se ceda a la presión brutal de la industria, los directivos, las agencias de apuestas. Si no se para esto, al final, el Tigre del dinero se cargará al deporte.

[Forum Libertas, 24/02/2010] [Diario Informacion, 01/03/2010]

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