jueves, mayo 10, 2007

Sarkozy, le Roi

sarko

Nicolas Paul Stéphane Sarközy de Nagy-Bocsa, es el nuevo rey de Francia. Un tercio de judío sefardí, otro tercio de húngaro y otro tercio de sangre azul en el cuerpo. Un cuerpo pequeño de 1’65 m con un ego gigante, que se afeita y se compara todas las mañanas en el espejo de De Gaulle, pero que no se le parece en nada, comenzando por la enorme estatura del general, que llevaba en todos sus viajes oficiales una enorme cama, porque no cabía en los dormitorios estándar de las distintas cancillerías donde pernoctaba en los viajes oficiales.

Es un outsider, enemigo de la antigua droite de Chirac y de la nueva gauche de Segolene, la mamá de hierro. Alguien de fuera, el primer presidente que no proviene de la Ecole Nationale de Administración, que entiende mejor la calle que el resto de la élite política, la enarchie, una pequeña casta que gobierna el país en alternancia y que controla todos los resortes del poder: gobierno, fuerzas financieras y mediáticas. La realidad se ha alejado tanto de esta élite, que el pueblo francés está harto, muy harto. No quiere compasión, ni campañas de imagen llenas de palabras vacías, ni buenos rollitos, sino eficacia y mano dura. Sarko es un outsider, pero hijo de París, la gran madrastra de todas las burocracias, de la hierarchie, del entre nous, del petit comité, de la Francia eterna.

Oportunista y pragmático, brutalmente mediático. Opuesto totalmente a la entrada de Turquía en la UE, a favor de un minitratado, a favor de los campeones nacionales, de la intervención estatal, de la grandeza francesa que no ha de pedir perdón al pasado colonial, orgullosa de serlo, mientras que por otro lado se declara liberal y a favor de la libre iniciativa. Apoya a los emprendedores que toman riesgos, no a la élite empresarial, pero cuando las cámaras se alejan, es íntimo de esa élite, un tal Bouygues y el jefe de Vouitton, un tal Arnaud, que fueron testigos de su boda con Cecile. Típico en él y en los políticos de su generación. Juegan a dos bandas, porque las fronteras ideológicas hoy en día son porosas, es decir, inexistentes.

Sarko, es amable en las distancias cortas, pero tiene un fondo de armario agresivo, un alma que quiere devorar los clichés de lo políticamente correcto en Francia, Europa y lo que se ponga por delante. Mujeriego, trepa, fue novio de una hija de Chirac, se divorció de su primera mujer en 1996. Su segunda mujer, es medio judía como él, y sus affaires han coloreado las páginas de la prensa rosa del país vecino, ese país tan serio, cuya vida política e intelectual corre también el riesgo de tomatearse, como aquí. Con él las cosas salen, no habla con palabras huecas, dice uno de sus asesores. Amenazó a miembros del consejo de ministros, si bien es verdad, que estaban segándole la hierba bajo los pies. Amenazó a periodistas. Su palabra favorita es ruptura. Ruptura con el 68, ruptura con el inmovilismo de Chirac y del PS francés, ruptura con la clase intelectual, pero, demasiado amigo del poder económico de siempre. Como dice Bayrou, el tercero en discordia, cuando el poder absoluto se equivoca, se equivoca absolutamente, y Sarko está muy cerca de ese poder de siempre. A ver que tal sale este invento sarkoziano, mezcla de tercera vía y neocons. Milagros no creo que vaya a haber.

[Forum Libertas]

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1 comentarios:

Blogger Marta Salazar ha dicho...

1,65? con zapatos con taco!

mide 1,63, según una amiga muy bien informada que estuvo ayer aquí en la casa.

9:21 p. m., agosto 09, 2007  

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