domingo, diciembre 14, 2014

LLUVIA


Al fin llueve en el Levante. El horizonte se vuelve vertical. Por una vez, la sal azul molida, la costra de costa seca, se sueña en tierra. Velo gris que nos visita desde más allá de ese mundo no mediterráneo, que por una vez, existe. Mundo nublado que barre todo hasta el techo, mientras la tierra yace serena sin diamantes ni espejos. Silencio de lluvia fina, muda. Cielo dormido, como un deseo inmortal que me miente, que vuelve. Paredes del mar que se cierran. Suelo espejado que quema con sus chispas revoltosas los zapatos de los caminantes.

Años sin lluvia, eternidad soleada inmóvil, rutina que me despeña. De repente, vuelve insistente, la lluvia. Trallazo. Vuelo sobre las alas de mi razón, y allí están ellos. Viejos amortizados. Gastando el tiempo con el nieto. Allí, me dejan jugar bajo aquellla luvia, bajo aquel cielo velado mientras el tren del tiempo se detiene detrás de un cielo que ya no habla del espacio vacío, infinito y aterrador del sol y otros astros que nos marcan la distancia. Niño lleno de asombro, que rompe el silencio de aquella mañana lluviosa, sosteniendo caracoles como trofeos, chapoteando en los charcos, mientras su abuelo le persigue entre risas.

Todo es verde, envuelto en el tozudo silencio de una lluvia que no miente. Poca gente en las calles. Allí están ellos dos, mis abuelos. La calle es un espejo, y el silencio retumba atronador de dentro a afuera en mi memoria. Una presencia tan intensa que me hace temblar sin motivo aparente. Allí estoy, allí están. Presencia que es presente más intenso que este instante, que me eleva por encima del pensar, del sentir, de todo. Cielo cerrado que me abre las entrañas más profundas, más altas, mas allá de toda urdidumbre celeste, de todo almacén de belleza horizontal, del rebote de luces de todo lo que me envuelve aquí, ahora, arriba y abajo, fuera de mi centro. Rumor inmortal, sed inacabada. Nostalgia alegre que me golpea de vez en cuando, fortísima, sin avisar, como un rayo que deslumbra y atraviesa la oscura y falsa certidumbre del presente.

Porque yo soy más aquello, soy mas siembra de corazón que clavo y hierro de la razón. Soy más que el verso, que la angustia, que mis límites. Soy aquello que arrasa y rompe las costuras de mi ser corpóreo. Soy lo que soy cuando vuelvo a aquel sitio donde rodeaban sonrientes mi soledad, donde me abrazaban. Soy más sueño de la esperanza de mis abuelos, que realidad presente. Soy cuando vuelvo al origen donde me construían, donde hilaban las costuras de mis afectos y sembraban las corazonadas, las intuiciones, es decir los caminos por los que este caminante siguió caminando, buscando y encontrando la belleza, a pesar de tanta oscuridad. Ellos se vaciaron de esperanza para que yo fuera, lanzándome al mas allá de un futuro que no poseerían nunca. Me quisieron fuera de su razón y dentro de su corazón. Locura que yo necesito, necesidad de volver para poder querer. Para poder ser.




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