martes, abril 01, 2008

BEIJING 2008 S.A.

El Tibet se encuentra en el llamado “techo del mundo”, el Himalaya. De las 14 cumbres que existen en el mundo con más de 8000 metros, diez se encuentran en esa cordillera. La cumbre más alta de todas, el Everest, está entre Tibet y Nepal. El Tibet es una zona de la tierra bonita, pobre, e inhóspita, con un enorme valor simbólico. Los ingleses se obsesionaron con el Everest, desde que lo avistaron en 1903 a 150 km de distancia. Crearon un comité para darle un nombre a la montaña, y al final la nombraron (que ya es una forma de conquistar) en honor a un General inglés, George Everest, relegando al olvido el nombre que siempre había tenido en el Tibet: Chomolungma, es decir, Diosa de la Tierra en lengua tibetana. Conquistar la montaña más alta de la tierra tenía que ser una obra inglesa. Por eso cuando la expedición de Hillary fracasó en 1924, aunque se quedaron a 300 metros de la cumbre, bloquearon la ascensión durante lustros. No querían que nadie que no fueran ellos conquistara la cumbre del mundo. Incluso los nazis se obsesionaron con las alturas de esta zona de la tierra. En 1939, una expedición de siete soldados de las SS, fue enviada al Tibet en busca de los supervivientes de una raza de superhombres arios que provenientes de la Atlántida. De hecho la esvástica nazi es un símbolo creado por los Arios que invadieron la India hace 3500 años, estableciendo la nefasta división en castas en función de la oscuridad de la piel.

En 1949, Mao, invadió el Tibet, aprovechando la confusión que existía en su futuro competidor la India, que acababa de obtener la independencia de los ingleses. La zona ha adquirido cada vez más importancia política para China, a pesar de que no tiene poco que ver con la cultura China, cuya fuente sigue anclada en las riberas del Yang-Tze y el Río Amarillo, donde ha vivido la inmensa mayoría de la población durante milenios. Las inversiones han sido masivas en infraestructuras, y han roto el aislamiento del Tibet con el resto de China. Se construyó una línea de tren, con claros fines políticos, porque no va a ser una línea rentable jamás. Es la línea ferroviaria mas alta de la tierra, con 1400 kilómetros, llegando hasta los 5000 metros, y va desde Beijing hasta Lhasa, la capital del Tibet. La línea, ha servido al gobierno para intensificar la colonización con chinos de la etnia Han, aunque para ello, tengan que sufrir el terrible mal de altura cuando llegan en tren. La presión cultural, económica, la represión política, es cada vez mas fuerte. El gobierno chino, secuestró en 1995 al sucesor del Dalai Lama, un niño tibetano llamado Gedhun Choekyi, y se desconoce su paradero, mientras se ha creado una jerarquía budista paralela “patriótica” impuesta por Beijing. El Dalai Lama en el exilio, ha denunciado muchas veces el “genocidio cultural” chino. Según el gobierno del Tibet en el exilio (www.tibet.com), dos tercios de los templos del país fueron destruidos, sobre todo durante la Revolución Cultural de Mao. En estos días, quieren llevar la antorcha olímpica de Lhasa al Everest, y lanzar al mundo un mensaje que es un desafío: el techo del mundo es nuestro, y lo conquistaremos con progreso económico pero sin libertad.

¿Y que hace occidente? Sarkozy y Merkel han dicho que no van a la inauguración. Gordon Brown, no ha hecho nada, e irá a la ceremonia. Steven Spielberg se ha negado a filmar las Olimpiadas. Son gestos, pero nada sustancial. No se hace casi nada por dos causas: una, por los intereses económicos con China, y sobre todo, por la estúpida creencia liberal de que la libertad económica de mercado, “necesariamente” lleva a la libertad política. China es un país que ha desarrollado una forma de totalitarismo perverso: la que combina la explotación capitalista más salvaje con el desprecio a la libertad y a las personas más absoluto. Su armamentismo combinado con su potencia económica, son extremadamente peligrosos. Hanna Arendt, quizá la filósofa política más lúcida del siglo XX, apuntó que el error fatal del liberalismo consistió en identificar la esencia de la libertad, y por tanto la labor fundamental de la política, con la defensa por parte del Estado de la propiedad privada y la libertad individual, ámbitos que son particulares pero no comunes entre los hombres. Sin embargo la política, según los clásicos, era todo aquello necesario para la convivencia entre los hombres, que es lo común a ellos, más allá de la mera supervivencia. El ámbito que el Estado debe proteger sobre todo, es el foro donde los ciudadanos discuten y deciden sobre lo que es común para ellos (educación, sanidad, cultura, representación democrática en las instituciones, etc). Al Estado se le consideró un parásito, que debía dejar hacer a los ciudadanos en los ámbitos fundamentales de la libertad, que para los liberales eran el comercio, la producción, la vida privada, y se olvidaron que el Estado también “tiende a producir”, su propia propiedad, su propia riqueza. Al entregar el monopolio de la violencia al Estado para proteger la producción y la propiedad, y olvidarse los burgueses (los “ciudadanos libres”) de estar representados y activos en los demás ámbitos comunes (la “res pública” romana), dejaron en manos del Estado todos esos ámbitos comunes que son los que más poder dan a los hombres, porque al ser comunes y convocar al consenso, cuentan con la fuerza de la mayoría, que es la mayor fuerza de todas, la que de verdad puede cambiar la historia y la sociedad. Mientras la actividad económica de los burgueses, la revolución industrial, creaba una sociedad mas rica y avanzada, el Estado disponía cada vez de más medios para ejercer el monopolio de la violencia, forzando a las demás estructuras productivas de la sociedad burguesa, a producir para el Estado herramientas que cada vez más incrementaban su capacidad destructora y violenta “ad intra” y “ad extra”, de una forma tan brutal que pudo llegar a eliminar cualquier forma de vida sobre la tierra (bomba atómica). El totalitarismo es consecuencia, en resumen, de una visión miope del liberalismo: la creencia de que la libertad económica, otorgará “necesariamente” libertad política.

La esperanza de Occidente es vana. Jamás habrá democracia en China, y las cosas irán a peor. La única salida es obligarles a democratizarse, cortando el grifo económico. Mientras destruyen el tejido social de las democracias europeas y americanas, ellos no están construyendo una sociedad mejor para su gente. Están perfeccionando su totalitarismo. Cuanto más riqueza, más agresividad, mas militarismo hacia fuera, mas inestabilidad a medio plazo en la región de Asia. Es el nuevo experimento liberal del siglo XXI, y está condenado al fracaso. ¿Alguien creía que un país donde está prohibido por ley tener un hermano, puede ser un país del que emana la cordura y la justicia? Los Tibetanos lo han experimentado durante décadas, y saben que el oso panda chino es un dragón peligroso.

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1 comentarios:

Blogger Marta Salazar ha dicho...

gracias querido Claudio, buenísimo tu artículo! te puse un link ayer!

Un abrazo!

8:12 a. m., abril 03, 2008  

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