viernes, enero 13, 2006

GUERRAS DE CLONES

En la India a los maestros se les llama gurús, porque son los que nos llevan de la oscuridad a la luz (gu- significa oscuridad, ru- significa luz). Todas las sociedades tienen sus maestros, porque nuestras vidas están sujetas a peligros y buscamos guías. En la cultura occidental, la figura del maestro de escuela, está en crisis. La figura religiosa del místico, es inexistente. ¿Qué nos queda? El científico, que es un señor serio con gafas y bata blanca. Pero los oráculos de la ciencia necesitan medios para comunicarse, porque la investigación cuesta mucho dinero. Necesitan la atención de las empresas y los gobiernos para que financien esos proyectos, que siempre son inciertos. La penicilina se descubrió por casualidad, y así ha ocurrido muchas veces. Los dos medios más importantes para comunicar las verdades científicas, las únicas verdades en las que todavía creemos, son dos revistas científicas americanas, Science y Nature. Una de esas revistas publicó en Mayo de 2005, que el veterinario coreano Hwang había logrado clonar once líneas de células madre. Ahora se ha confirmado que era mentira. Las líneas que se consiguieron eran a lo sumo dos, y la Universidad de Seúl las está comprobando. También hay dudas sobre si la primera clonación humana lograda en el año 2004, era verdad o no. Pero lo que hay que preguntarse ahora es ¿Cómo pudo colarse semejante fraude en la revista Science? ¿Qué mecanismos de control existen? La investigación es un trabajo lento, donde el científico tiene que estar dispuesto a dejar la fama y su ego a un lado, para comprobar una y otra vez la realidad que emerge de los experimentos, porque la realidad es terca, y no se deja moldear por nosotros. Pero la necesidad de fondos y la avaricia de los grandes conglomerados farmacéuticos por ganar dinero rápido, hace que haya una enorme presión para saltarse objeciones éticas o fases necesarias en el procedimiento científico. Ambas revistas comprueban los datos en el papel, pero se han negado a cotejar los datos impresos con controles químicos y biológicos, porque tienen miedo de reducir su status de profetas, y pringarse las manos con la ciencia de verdad, esa que nos permite comprender la realidad tras un estudio tozudo, pausado y sereno de los datos. Al final, no eran los enfermos los que movieron a actuar a Hwang, sino la voluntad de poder y el penoso sube y baja de las acciones de cuatro mercachifles de Wall Street.

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