lunes, abril 12, 2021

 


 

Qué largo trabajo tuyo

hasta lograr socavarme

y que el amor me consuma

y que no pueda olvidarme

de que estás en mis entrañas

recoméndome la sangre.


Carmen Conde,  Cancionero de la enamorada,  1971

viernes, marzo 19, 2021

EN EL NOMBRE DEL PADRE

 

Dentro de muchos años, los medios de comunicación seguirán hablando más o menos de lo mismo: economía, política, fútbol. Famosos y milmillonarios seguirán dominando las portadas. Pero creo que aquella poetisa griega, Safo, tenía razón cuando escribió hace ya tantos siglos: dicen unosque los jinetes, otros que la infantería y otros que una escuadra de navíos: másyo digo que es lo que uno ama.

Lo más importante es lo que uno ama, nada nuevo bajo el sol. Y amar, amar, se aman pocas cosas. Y lo que más amamos los que somos padres, son nuestros hijos. Si, ya sé que
las series y los medios destacan los padres-monstruo, casi siempre carne de psiquiatra, que han hecho barbaridades con sus hijos. Pero a mi alrededor, la inmensa mayoría de los que tenemos hijos, moriríamos por ellos, soportaríamos cualquier mal antes de que lo sufrieran. Para un padre, los hijos lo son todo.

También es verdad, que los hijos son lo que más daño nos puede hacer: ¿hay mayor horror que tener un hijo drogadicto? ¿existe algo peor que la muerte de un hijo? Pero, también, hay que decirlo, un hijo es lo que más alegría puede dar: ¿hay alguien más feliz que el padre de la novia el día de su boda?; ¿más feliz que un padre en la lectura de la tesis doctoral de su hijo?, ¿más feliz que el día su hijo le hace abuelo? Lo que más suele iluminar la vida de un hombre, son sus hijos. Y lo que más la puede oscurecer, claro. Es la humana condición: por existir la noche, puede hablarse del día.

No es fácil amar a los hijos. Hay que mimarlos y hay que exigirles. Hay que educarles en libertad, pero también marcar el camino: un jardín que no se poda, acaba en selva inhabitable. Y hagas lo que hagas, siempre son jueces implacables: al final es imposible engañarles sobre quienes somos de verdad. Por eso hay tantos que compensan sus desastres familiares con un exceso de trabajo o vida pública. Muchas veces, ese examen, el de los hijos, es el que de verdad te dice si has aprobado o suspendido en la vida. Aunque nadie se dé cuenta, tú lo sabes. Como me dijo una vez un gran empresario, que había desatendido su familia y los hijos le habían salido mal: he estado subiendo toda la vida una escalera empinada, y al final, me he dado cuenta de que la he apoyado en el muro equivocado.

Educar es difícil. Te equivocas muchas veces, claro. Además, cada hijo es distinto. A uno le va la música, a otro las matemáticas. Uno es callado, el otro no para de hablar. Con unos congenias más, con otros menos. Pero hay una cosa, que creo que funciona bastante bien: si el padre se lleva bien con la madre (¡tampoco esto es fácil!) crecen felices, casi sin saber cómo. Al fin y al cabo, el ADN de cada una de sus células es un tronco enredado de dos mitades, la del padre y la de la madre.

Para rematar, se pasa el tiempo volando. De repente, un día despiertas, y ya han pasado 18 años. Y aquel minúsculo ser que acunabas en tus brazos tantas noches para ayudarle a dormir, se despide de ti para comenzar a estudiar lejos de casa, mientras te mira breve e interminablemente, con una mirada que no puede ser descrita por ningún lenguaje. Y piensas: bien valió la pena el precio que pagamos. Son esos momentos, tristes y alegres, fugaces y eternos, en que piensas por un momento, que el mundo está bien hecho, aunque duela. Esos momentos que brillan con un resplandor de otro mundo, como dijo Borges.

Y ahora, cuando comienzan a marcharse, va llegando el silencio. Y vemos que nos sobra casi toda la casa, porque ellos son más que la mitad de nosotros. Sentimos ya como la edad comienza a empujarnos al adiós. Desandamos nuestros años en los álbumes con sus fotos. Pero enseguida sentimos que no es silencio lo que nos queda: nuestros hijos siguen habitando nuestras vidas en todo lo que hacemos, como un río que murmulla por la conciencia como un rezo interminable. Por mucho tiempo que pase, por lejos que se vayan, nunca se irán de nosotros. Estaremos donde están, porque ellos y nosotros llevan dentro nuestras sendas, porque el tiempo y la distancia con ellos es mentira. Porque la muchedumbre de nuestro pasado es más ligera que nunca sostenida por su futuro, ya más grande que nuestras vidas. Para eso quisimos siempre a nuestros hijos, para que fueran más que nosotros. No cabe mayor felicidad.

martes, octubre 15, 2019

FRANCISCA AGUIRRE




Francisca Aguirre (1930-2019) En 2011 ganó el Premio Nacional de Poesía. En 2012 se la nombró hija predilecta de Alicante. En 2018 ganó el Premio Nacional del las Letras. Una de las grandes mujeres de nuestra ciudad.

Como muestra de su sensibilidad he escogido estos preciosos versos del gran poema Testigo de Excepción

Un mar, un mar es lo que necesito.
Un mar y no otra cosa, no otra cosa.
Lo demás es pequeño, insuficiente, pobre.
Un mar, un mar es lo que necesito.
No una montaña, un río, un cielo.
No. Nada, nada,
únicamente un mar.
(…)
Un agua de distancia,
un agua que no escape,
un agua misericordiosa
en que lavar mi corazón
y dejarlo a su orilla
para que sea empujado por sus olas,
lamido por su lengua de sal
que cicatriza heridas.

Vivir no es necesario, navegar sí. Navegar para el poeta es  dar palabras que nos trasladen más allá del tiempo que huye entre nuestras pequeñas rutinas, palabras que atraviesen el ruido seco de la materia. 

Navegar es escorar el barco de nuestra vida lo justo, dejar que las velas se llenen de rachas de aire silencioso que murmulla inmortalidad y vacío, rachas que golpean a borbotones  y en desorden nuestro interior. 


Navegar con poesía es necesario para vivir.


El mar. La mar. Todo lo demás es minúsculo... “Porque nuestras vidas, son los ríos que van a dar al mar, que es el morir” (Jorge Manrique). Allí fluye hasta el final nuestra vida. El mar la retiene. 

Al final del viaje llegamos a sus orillas  casi sin agua, con los  recuerdos atrapados en las aguas profundas y oscuras de un pasado retenido que ya no volverá. Allí llegamos azorados por las olas racheadas del tiempo. Allí, lo único que nos serena y calma es cuando somos lamidos por la sal grumosa de la esperanza que acalla y calma las heridas más profundas. 

En ese mar salado, quieto, quisiera lavar mi corazón.  Sin ruido ni vacío que me hundan. Quedarme pegado a la orilla, empapado en unas aguas misericordiosas que ya nunca se perderán.

Gran poetisa. Te echamos de menos, y al mirar al mar, te sentimos un poco más cerca. Desde la orilla, pegados a lo más grande, el mar, la mar. Pegados al infinito, llega el rumor inacabable de tus palabras.

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viernes, marzo 10, 2017

CHEMA




A Josemaría Postigo, fallecido el pasado 7/3/2017
In Memoriam

Dios me dio un gran corazón, eso creía yo, hasta que te conocí a ti. Un corazón tan grande no lo he visto nunca. Abierto, y libre. Un todoterreno, sin alambradas. Directo al corazón. Ibas, sonreías, y empezabas a hablar, lleno de ilusión, como si radicalmente Dios estuviera hecho hombre, aquí, entre nosotros. Sin miedo a la vida, ni al dolor, ni a la ignorancia, ni a tus fracasos, ni a tus angustias, ni a las incomprensiones, ni a las mentiras. Lleno de seguridad, te sentías amado de forma especialísima por Dios. Llevabas, eso sí, 18 hijos delante tuya, y a tu mujer Rosa, a tu lado, de parapeto. La gente iba a verte, a ver al bicho. Y te daba igual. Tenías experiencia para hablar de familia e hijos. Porque con tantos hijos, y varios fallecidos, eras maestro en dolores y en amores. Y todo vivido con naturalidad, con un desparpajo que deshacía todas las barreras.

Me acuerdo, no sé por qué, del teléfono móvil que llevabas en el bolsillo. Era un móvil baratero, con una pantalla pequeñita. Enseguida me di cuenta, de que veías mucho menos de lo que podía parecer a primera vista. Cuando te quitabas las gafas y acercabas la vista a la pantalla, me di cuenta de que tenías un porrón de dioptrías. Tampoco destacabas por tener un gran currículum. Además, lo decías. No habías podido estudiar. Tenías un máster, y lo decías con dolor. Te habría gustado estudiar, pero tu padre murió cuando eras joven, y tuviste que ponerte a trabajar. Pero, eso te daba igual. Estabas feliz. Y encima, tu dislexia. Me lo dijiste así de sopetón. Pero allí estabas, más feliz que una perdiz, sin hacerle caso a tus limitaciones.

Porque todos tus límites saltaban por los aires cuando hablabas lleno de ilusión de la labor de formación de los padres de familias, de la Orientación Familiar. Te ponías a hablar sin filtro. Me dejastes K.O. Te hiciste amigo mío a los cinco minutos. Y mira que te di largas para que vinieras al colegio donde yo vivo, a dar una sesión de Orientación Familiar, tu gran pasión.

Cuando te llevé de vuelta a la estación del tren, íbamos hablando en el coche. Analizando la situación social, y política, el desfondamiento moral del mundo que nos rodeaba, te dije algo angustiado: ¿dónde nos llevará todo esto? Y tú me dijiste, riendo: no sé dónde acabará todo esto, pero tú y yo acabaremos en el Cielo, Claudio. Todo esto, me quisiste decir, es para acabar en el Cielo.

Contabas cosas de tus hijos que me costaba comprender. Como había empezado la crisis, tu mujer, había de comprar Cola Cao para el desayuno. A unos niños educados en plan espartano como los tuyos, les quitabais el Cola Cao, y a ti te parecía que aquello era estupendo, porque así aprendían a valorar las cosas, y descendían al mismo nivel que aquellos niños que sí estaban pasando necesidad por la crisis.

Me contaste lo de tus hijos fallecidos cuando eran pequeños por tener una cardiopatía congénita. Y que tenías más hijos en esa situación, viviendo al día, con operaciones, y con el alma en vilo. Al poco tiempo de volver a Barcelona, murió la mayor de tus hijas, Carmina, que había vivido pendiente del hilo de su corazón enfermo toda su vida, hasta los 22 años, y no sólo eso, sino que tenía una dislexia que le hizo las cosas muy cuesta arriba en los estudios. Y justo cuando empezaba a disfrutar con su recién adquirida profesión, Dios se la llevó.

A ti tus hijos fallecidos, te hacían llorar, pero te llenaban de Fe. Incomprensiblemente. Eras un cristiano que iba en Formula 1, con el acelerador pisado a fondo, mientras eras capaz de disfrutar del paisaje, porque dejabas que Dios condujera el coche.

Pero todo eso que he contado es paja. Lo importante, lo increíble, era y es, lo grande que es tu corazón. Me quisiste mucho. Todos los años me mandabas un correo para felicitarme por mi aniversario de matrimonio. Era como si confiaras en mí, como si supieras que de aquí, de esta mediocridad en la que me desenvuelvo, supieras que Dios iba a hacer el milagro de mi entrega radical a ese Jesús de carne, que tú eras capaz de mostrar en esa sonrisa enorme que rompía todas las barreras.

Ahora, ya llegaste, después de sufrir tanto, después de querer tanto, después de volar tanto, tanto, porque

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caza alcance.

(…)

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caza alcance.


(San Juan de la Cruz, Canciones del Alma [I])


Ahora, reza por mí, por nosotros. Y quédate con nosotros. Más que nunca. Todavía nos queda viaje, y necesitamos un patrón. Y como patrón que eres, no va a mandar ni puede, este marinero que te escribe, ya sin anclas, sin miedos, sin alambradas, sin complejos. Que pequeño soy yo. Y que pequeño te sabías tú. Y por eso, el torrente devastador del tiempo, no hará más que alzar tu altura inmensa, Chema. Gracias por siempre. 

miércoles, marzo 30, 2016

EXILIADO



Desde niño Granada siempre ha herido mi memoria.  Mi madre, me amamantó la nostalgia, haciéndonos volver una y otra vez con ella a abrevar su cántaro vital a las faldas de la Alhambra, leyéndonos a Washington Irving, señalando con el dedo el lugar donde Boabdil lloró para siempre. 

Cuando vuelvo, siempre es demasiado corto. Para qué ir. Volver, y al instante se descerraja la nunca cicatrizada herida  que nunca se cerró. Te acostumbras a sobrevivir para  vivir, a no contemplar la belleza. Pero cuando reabres el pozo donde están encerradas las mejores lunas de tu infancia, vives y lloras. 

A uno le van ya adelantando los años, pero la memoria sigue apagando la sed en los mismos manantiales. Sin querer. Y sin saber. Es la vida. Lo que está, desde siempre, ya no se va. Y este año hemos vuelto. A Granada. A ver procesiones. 

Y yo que conozco la ciudad, que recorto los restos de mi siglo de Generación-X con una Sierra Nevada al fondo, no sé nada de procesiones granaínas. Pues mejor. Se me escapa ese afluente de las procesiones, y cuanto más afluentes, más grande es al final el río que desemboca en el manantial del que respirar después. Que luego, el año se pone cuestarriba. Y la ausencia duele.

Y nos lanzamos por las calles. Peleando con el GPS del corazón, mientras suenan los tambores, mientras lloran los zapatos y las ruedas de los coches por la cera derramada. Váyase a la Calle San Matías, me dice el del hotel. Arriba, arriba. Y para allá que vamos. Espera que te espera, parpadean los móviles. 

Se empiezan a apagar las luces. Lejos, lejos se oye el latido suave de un par de tambores. Shhhh que ya viene. Las farolas, que se marchitan. Y los balcones. Y los bares. Y los móviles. Todo calla. 

Y se arranca una garganta casi rota, mientras les digo a mis hijos, mira allí, en el balcón. Y la saeta fluye mientras aparece un Cristo que empapa con su sangre una alfombra de claveles rojos. Un Cristo macilento, del color de la muerte, que baja a plomo desde el cielo estrellado mientras le atraviesan los flashes de una noche, que ya nunca olvidaré. 

Un Cristo sin su madre. Que noche tan dura, la más dura. Y lloro como un hombre por ese Hombre. Vale la pena, dejar de volver para llegar y quedarse a esta ciudad, de donde ya no me iré. Dejo la tinta de estas letras, como una reliquia de mi cuerpo que ya vaga por donde solía, mientras mi alma se queda clavada esperando que la Virgen de las Angustias me abra de una vez esos ojos entornados y tristes, para que pueda volver de una vez para siempre.



lunes, marzo 21, 2016

MUJER, CRISTIANISMO, IGUALDAD



La jerarquía de la Iglesia está formada por hombres. Los protagonistas de los Evangelios, son hombres. Jesús se dirige a Dios como su Padre. Por tanto, la Iglesia, es una estructura patriarcal al servicio de la clase dominante, que construyó una superestructura ideológica (el cristianismo) para engañar, reprimir y dominar a la mujer. Pero esos protagonistas de los Evangelios, los Apóstoles, eran un desastre y quedan fatal. De buenas personas nada: trepas que se pelean por ver quien va a ser el primero. De inteligencia no andan sobrados, porque el Rabbí Jesús les explica una y otra vez las mismas cosas, y siguen sin pillarlo. Violentos: quieren reducir a ceniza un pueblo de Samaria al que son enviados y no les hacen caso. Y ladrones: Mateo recaudaba para el invasor romano y se quedaba parte (la mordida) y Judas metía la mano en la bolsa del dinero. En resumen: unos hombres violentos, egoístas, ladrones y con pocas luces. Eran un desastre, aunque tenían una virtud clave: todos eran sinceros y sin doblez, excepto Judas.

Si nos fijamos en las mujeres que aparecen en los Evangelios, la cosa cambia. Cuando le presentan la mujer adúltera, Jesús escribe en el suelo los más ocultos pensamientos de aquellos hombres que abandonan el lugar llenos de vergüenza. Y la mujer que ha sido llevada allí para avergonzarla mientras es lapidada en la plaza pública, queda sola delante del único que puede tirarle una piedra, porque es el único que no tiene pecado, Jesús. Todos eran pecadores, pero a quien salva Jesús no es a los que la traen, no es al adúltero que no han traído para lapidar. Salva a la mujer, le devuelve su dignidad.

Cuando todo se hunde y crucifican a Jesús, sólo le acompañan un puñado de mujeres en el Calvario. Todos aquellos protagonistas hombres, los Apóstoles, le han traicionado, excepto Juan, un chico adolescente que está al pie de la Cruz porque quizás ha sido acogido lleno de miedo por la madre de Jesús. El Rabbí Jesús se pasa tres años predicando en Galilea y Judea, moviéndose sin parar de un sitio para otro, mientras le buscan para matarle las élites políticas y religiosas, subiendo a pie hasta el Líbano, huyendo hasta Jordania, cayendo rendido de sueño en la barca cuando cruza el Mar de Galilea. Y cuando ya no puede absolutamente más, va a descansar al sitio donde está a gusto de verdad: a Betania, cerca de Jerusalén, a casa de Marta, María y Lázaro. Sin aquella ayuda, sin aquella atención de Marta y María, el Maestro no habría podido seguir, porque siempre iba al límite de su capacidad humana. Llora al morir Lázaro, al ver destrozadas a Marta y María. Llora al ver a aquella madre viuda que acaba de perder a su hijo. Cura a la mujer del flujo de sangre, cura a la hija de Jairo, cura al hijo de aquella mujer extranjera. Tiene una paciencia infinita, y al final convence a aquella samaritana del pozo de Sicar en Samaria.  Jesús, se desvive por las mujeres y necesita su cercanía.

Cuando Jesús resucita, el primer testigo es María Magdalena, una mujer, que va corriendo a ver a los discípulos, escondidos y llenos de miedo. Y no la creen, porque según las leyes judías y romanas, el testimonio de una mujer no tenía ninguna validez en un juicio. Pero el Rabbí se aparece primero a una mujer. Y no sólo esto: al morir el Maestro, todos huyen y se esconden. Y quien reúne y anima a todos ellos, es la madre de Jesús, María. María, es llamada con razón Madre de la Iglesia. En la teología cristiana, es la persona con más alta graduación. De hecho, destroza el Project Management de toda la Trinidad cuando, estando en las bodas de Caná, le sugiere a su Hijo que arregle lo del vino. Y su Hijo, se resiste. Normal: su plan era perfecto. Pero contra una Madre, no puede resistirse, y cambia todo el plan de la Redención… adelantándolo. Por tanto, María, es la que gestiona las peticiones de los hombres, la que está pendiente de la casa, del lugar que habitan, del lugar donde se descansan, duermen, se curan los hombres. Allí, en el Cielo, en la Gran Betania, Ella, es la que corta el bacalao. ¿Hay alguien más feminista que Jesucristo? ¿Alguien que cree a una criatura-mujer-madre, y que se deleite en obedecer sus peticiones? Ahh... ¡gran misterio!


En la liturgia de la Misa, en la oración más antigua que es el Canon Romano (siglo IV), se reza a siete santos romanos, y …a siete santas romanas.  La paridad ya estaba inventada en la Iglesia Romana desde el principio. Porque sin mujeres, no existiría el cristianismo, ni la Iglesia, ni nada. Muchas injusticias se han cometido, pero ni la desigualdad ni el machismo tienen nada que ver con la religión cristiana. Quizá hagan falta más teólogas, que muestren lo evidente. 


lunes, febrero 22, 2016

NO VOLEM TTIP



La Nueva Izquierda surgida tras la caída del Muro y la Gran Recesión de 2008 se  aglutina  ideológicamente en torno a dos polos. Uno de ellos son los movimientos antiglobalización. Están totalmente en contra del Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP en Inglés), porque liberaliza más aún el comercio de mercancías y capitales entre EEUU y la UE, pero no exige la igualdad de derechos sociales y salariales, ni de controles medioambientales, pero sigue bloqueando la libre circulación de mano de obra entre los dos bloques. Es otro tratado más que aumenta la globalización y el dumping social. Seguimos profundizando en el modelo “iPhone”: se fabrican en Taiwan con gente que trabaja 12 horas al día, se diseñan en California con ingenieros con sueldos elevados, mientras el beneficio se queda guardado en paraísos fiscales. Este modelo provoca cada vez más desequilibrios financieros, sociales y medioambientales. 



El otro polo en torno al cual se aglutinan es la defensa de las culturas locales y tradicionales. Es una izquierda que protege el patrimonio, el folclore, las formas de vida rurales. Cuando gobierna, prohibe nuevas autopistas, bloquea planes urbanísticos, niega licencias hoteleras. Están en contra de la llegada del AVE (por ejemplo Bildu y Nafarroa Bai votaron en contra de una resolución que apoyaba la llegada del AVE a Pamplona). Es un movimiento cultural, de ahí su fuerza, que se asienta sobre todo en las lenguas vernáculas locales, usadas para construir un muro de contención que proteja el mundo rural  del pasado frente a la cultura globalizada anglo-americana. Por último, a estos ingredientes se le añade uno fundamental:  la Ideología de Género, un  neomarxismo donde el motor de la historia ya no es la lucha de clases entre proletarios y capitalistas, sino entre hombre y mujer, donde el varón es la clase explotadora que durante milenios ha sometido a la mujer. Ese varón machista, violento, debe ser sustituido por un matriarcado sin hijos, una arcadia rural  con un abuelito-dime-tú y vacas, lejos del asqueroso Mc Donalds. Por tanto, el fenómeno de las Mareas, Compromis, Nafarroa Bai, etc, no es algo casual, aislado. Y Pablo Iglesias sabe perfectamente donde se cruzan los caminos del nuevo nacionalismo de izquierdas rural y la izquierda tradicional: en Podemos que no es un partido, sino un movimiento. Han llegado para quedarse. Los únicos que se han opuesto con un relato bien construido, son Ciudadanos, que como su nombre indica, son chicos de ciudad, poliglotas, que saben muy bien de que pasta está hecho este nuevo movimiento antiglobal y nacionalista de nuevo cuño. A la derecha de Ciudadanos, sólo se dedican a hacerle palmas al jefe, creyendo que sus votos están seguros en su mayoría porque la gente no tiene a quien votar. Pero el edificio social se mueve. El PP va a sufrir un shock, y como sigan así, una larga temporada en la reserva.

Claudio Martínez Möckel

lunes, noviembre 30, 2015

DESPERTAR... SI TE DEJAN



"Pero él, que era muy católico, dijo que Dios era el único que podía quitar una vida. Gracias a esa convicción, ahora puedo contarlo. Años más tarde, en 2009, se habló mucho del caso de Eluana Englaro, una italiana que pasó 17 años en coma y a quien su padre quería practicar la eutanasia. Mi padre insistía en que no debían hacerlo, y después de lo que me ocurrió a mí, cualquiera le llevaba la contraria"

[Vía

jueves, noviembre 19, 2015

INTERNET DE LAS COSAS EN UN GRAFICO

martes, septiembre 08, 2015

SIN PERDON




La noticia sorprendió a muchos. El Papa Francisco autorizaba a todos los sacerdotes a perdonar el pecado del aborto a todas las mujeres que “estén arrepentidas de corazón”. El portal del Año de la Misericordia, que comienza en Octubre de este año, se ha abierto con esta noticia que ha producido oleadas de reacciones. Por un lado, aquellos que creen que es un “pecado imperdonable” matar al hijo. Por lo menos habría que poner las cosas chungas a aquellos que cometieron esa acción abominable. Que por lo menos vayan a pedir audiencia al obispo cubiertos de ceniza. Por otro lado, ha enfadado a otros muchos, que no consideran que abortar sea un pecado, sino que incluso es un derecho de la mujer para mantener su dignidad y libertad, para no caer en la esclavitud de un hijo no deseado mientras el causante del embarazo se va de rositas.

Lo primero que creo que hay que decir es que si alguien quiere pedir perdón pues lo pide, y si no, pues no lo pide. A nadie se le obliga. Lo segundo, que el sentimiento de culpa de muchas mujeres por haber abortado, de muchos que han facilitado o cooperado con un aborto, existe. La realidad es tozuda. Los psiquiatras saben cómo se las gasta la conciencia a aquel que carga con la culpa de creer que ha hecho daño a otros. Un embarazo no es un chiste, como bien sabemos. Y si un aborto natural deja tantas veces devastada a una madre, un aborto provocado, provoca también un gran dolor.  

Por lo tanto, no se trata de meter la cabeza debajo de la arena, de ser “positivo” y pastillear con prozac la realidad. A veces, la cagas, haces cosas que están muy mal. Y la gran pregunta es esta: ¿qué haces cuando has hecho daño a otros, cuando consideras que es algo demasiado horrible, algo imperdonable? Y si hay cosas imperdonables, ¿dónde ponemos el límite? Si usted hundió la carrera profesional de aquella persona por esparcir un rumor falso ¿eso tiene perdón? Si a su madre la metió en la residencia ¿eso tiene perdón?¨ La pregunta es, ¿es posible sacar la pata cuando la has metido hasta el fondo, cuando tu vida parece aquel disco de Hombres G  “La Cagaste Burt Lancaster”?


El Dios al que se refiere el Papa Francisco, es un Dios que nunca se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, ha repetido una y otra vez. Y, como no pedimos perdón, nos cuesta mucho perdonar desde grandes cosas a chorradas. Y así la vida es infernal. La realidad es esta: somos capaces de lo peor, y de lo mejor. Para salir del mal, hace falta reconocer nuestra responsabilidad, y pedir perdón. A los que tenemos al lado. Y por qué no, a Dios. Después de todo, ahí es cuando más se nota su existencia, su poder e omnipotencia: cuando nos perdona incomprensiblemente, y te vas alegre, dispuesto a recomenzar, a trabajar para volver a intentarlo, mientras pides, ahora sí, perdón a tus semejantes por cosas que antes ni intuías. Al mundo lleno de guerras, culpas y dolor, le hace falta perdón por un tubo. Es hora de recomenzar. 

Informacion, 5/9/2015

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lunes, agosto 31, 2015

MAR VERDE


La brisa húmeda, el mar verde. Volvemos a veranear en el mismo sitio. Las mismas vacaciones, la misma gente. Junto al mar de todos los años, mientras nos despeina de nuevo el viento de levante. Aquí estamos de nuevo los dos, con los pies sobre la arena. Pero el tiempo no se para, y ya estamos casi en Septiembre.

Y volveremos a empezar. A seguir echando el ancla en el mismo trabajo, los mismos horarios, la misma belleza. Sentir como el tiempo se lleva nuestras fuerzas. Agotados, sin tiempo para hablar. Dejándonos la piel con nuestros hijos, un día tras otro, con las mismas rutinas, tratando de sembrar lo nuestro en el corazón de las tinieblas de sus misteriosas almas. Intentando que nuestro poso se agarre al fondo de su ser. Y mientras peleamos sin descanso, otro mar verde, el de la rutina, las obligaciones, los horarios y las pequeñas gestiones, se traga el tiempo en que transcurre nuestra vida. Apenas llega un día, se va y vuelve otro para desaparecer tragado por ese mar de rutina diaria. Cambian las modas, los gobiernos, las empresas, pero para nosotros dos, una pareja de simples mortales, cambian pocas cosas, porque seguimos ocupados con las mismas cosas, una y otra vez. Como Sísifo.

Aun así, el horizonte de ayer, de hoy, de mañana, no termina de cerrarse. Sigue abierto, incierto. Todo se acaba, avanza hacia adelante y todo vuelve a comenzar. Y así es muy fácil caer en la tentación de levar el ancla, para huir de esta cárcel hecha con barrotes de rutina e incertidumbre. Te angustias pensando en que lo que sembraste no dará fruto. Que todo es lo siempre. Que la vida es corta, está llena de rutinas y gilipolleces, no hay resultados ciertos ni duraderos, y que cuando te das cuenta, te mueres. Dan ganas de salir corriendo.

Por eso no ha sido fácil llegar hasta aquí, mantener nuestra tienda, en el mismo sitio, mientras el mar verde vuelve una y otra vez, para borrar lo que somos, para asfixiarnos entre tareas, rutinas e incertidumbres. Aprendimos pero todavía nos queda. Sabemos que somos fuertes cuando sabemos aceptar con normalidad donde están nuestras fragilidades. Sabemos que todo fluye. Pero yo sé que tú, con ese cuerpo frágil, con esos pies suspendidos sobre la arena que desaparece barrida por el mar verde, eres una roca. Y tú no te asustas ya de tantas cosas de eso. Sabes que sólo somos fuertes, tozudos en una cosa: en el tú y yo. No hay fuego, ni alma, ni eternidad que nos quite la determinada determinación, de estar aquí los dos. Contigo. Sabemos que no merecemos esa determinación. Todo fluye y se va. Pero hay algo que nos llega de más allá. De fuera de todo esto. De donde se acaba la sed. Regalo inmerecido. Mientras el mar verde se bebe todas nuestras olas, sólo quedamos tú y yo. Lo único importante.

miércoles, abril 29, 2015

NEUTRINOS







La materia que tenemos delante de nuestros ojos, resulta que no es tan "material" como nos creíamos. Está formada por moléculas, y esas moléculas por átomos, y esos átomos por partículas subatómicas. Una de esas partículas es el neutrino. Se creía que no tenía masa, pero resulta que tiene una masa pequeñísima. Pues bien, esa pequeña partícula ha provocado un gran revuelo. El CERN, que es un organismo europeo para la investigación nuclear, realizó un experimento donde se comprobó que los neutrinos cubrían una cierta distancia más rápido que la luz. Después se demostró que hubo una pifia en las mediciones, y que la velocidad de la luz sigue siendo un obstáculo infranqueable, y eso provocó la dimisión del científico italiano que estaba al cargo del experimento. En fin, qué le vamos a hacer: ¡errare humanum est! Pero no queda ahí la cosa de los neutrinos. Hace unos días unos científicos americanos en Carolina del Norte han conseguido enviar un mensaje con un haz de neutrinos que han atravesado un pedazo enorme de roca sin inmutarse.



Podríamos decir que los neutrinos son tan paradójicos como los seres humanos. Por un lado, se creía que eran sólo energía que iba más rápido que la luz, pero resulta que tienen masa y nunca se han saltado las normas de velocidad dictadas por sus hermanos mayores, los fotones de luz. Pero por otro lado, a pesar de tener una velocidad y una masa estable, atraviesan toda la materia como si nada. Y eso es lo que nos pasa a los seres humanos. Estamos hechos de materia, la ley de la gravedad nos afecta como a cualquier piedra que pisamos, y sin embargo, de pronto nos dilatamos con una idea, y atravesamos el universo. Incluso podríamos decir que con las ideas, con nuestros afectos, nuestras intuiciones, nos hacemos más grandes que el universo mismo, hasta que se nos queda dentro. Y en esa mente-cuerpo nuestra quedan guardadas desde las estrellas más hondas a los ojos más profundos de nuestros semejantes. Pensamos, intuimos, sentimos, y todo se nos queda pequeño. Y nos hacemos dioses que mandan en todo. Somos barro amasado con diamantes, agua contaminada y fuego que decora el mundo con la joya de la palabra, esos símbolos que hacen crujir el universo. ¡Qué cosa tan rara es el hombre!


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