miércoles, diciembre 07, 2005

OJOS

Una vida se condensa a veces en una mirada. Un cruce de ojos rapidísimo, pestañas que casi sin querer raspan en vuelo rasante esa frontera del alma que es el cuerpo del otro. Los ojos intuyen, sueñan el pozo de la intimidad desnuda, para precipitarse en la hoguera de retinas imantadas para siempre. La nieve cubría el volcán. Bastó un roce de los ojos para desatar el terremoto atávico del eros. A partir de ese instante, el cosmos tiene dos mitades, un antes y un después. Los ojos enamorados, protegen a su niña-amante. La compasión se hace pasión y la pasión se viste de proyecto. Los amantes, se unen en una intimidad donde se reinventa el mundo y la riqueza de la vida: el hijo. La madre espera al hijo, con ese brillo en sus ojos de fruta a punto de brillar de puro madura. Los ojos entornados esconden el mal, porque el odio ciega y aplasta las pestañas hacia dentro. Pero también surgen a veces, ojos claros, muy abiertos, de cristal, serenos. Esos ojos, se persiguen toda una vida, y si se encuentran, hay que saberse dichoso como nadie. En ese muelle, se puede descargar todo, porque son firmes como columnas que sostuvieran el dolor del mundo, como si fueran la prueba evidente de que la esperanza existe hecha carne en el temple abrasador y tranquilo de esa mirada. Los ojos de los ciegos, nos hacen sentirnos culpables, porque no nos ven. Los ojos tímidos, buscan el pecho propio, y se acurrucan en el yo. Los ojos llenos de ira, devoran el paisaje cercano. Los ojos tristes, se cansan de mirar, miran adentro y buscan agarraderas afuera, pero les cuesta salir del dentro inundado. Los ojos de los enfermos tienen la sonrisa agridulce en la recámara, cuando vas a visitarlos. Los ojos ancianos esperan como si su futuro ya estuviera asegurado. No se imponen. Ya no les queda tiempo para imponer nada. Sólo de vez en cuando dejan caer unas palabras, que marcarán el paso de la vida de los nietos cuando el tiempo las haga germinar, y transforme aquellas voces que parecían tan ligeras, lanzadas a vuelapluma, en el norte que marque unas vidas. Las palabras de los ancianos, van preñadas de la experiencia de toda una vida que se comprime en los breves momentos que le quedan cuando sienten que su cuerpo hace equilibrios al borde del precipicio de la eternidad. Publicado en Diario de Ibiza

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1 comentarios:

Blogger Joselu ha dicho...

Escribes muy bien. Me gusta tu estilo. No entiendo por qué no tienes comentarios. Lo que propones es interesante. En cuanto al valor de la experiencia no es tan determinante porque no es tanto la cantidad de experiencia que tenemos sino cómo la hemos vivido y aprovechado. Hay ancianos que no son un modelo de sabiduría y sí un pozo de resentimientos y odios. Cómo aprender de la experiencia es la verdadera asignatura de la vida.

9:45 a. m., diciembre 12, 2005  

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