miércoles, diciembre 07, 2005

LIBROS

Una mirada a los libros y dos a la vida, me dijo una vez aquel ingeniero artista. Cervantes, opinaba lo mismo. De tanto leer a su héroe Quijote se le secó el seso, pero, si no hubiera leído tanto, el impresionante Museo del Prado de las Palabras que es el Quijote, con sus 12.500 vocablos decorando sus inigualables estancias, no existiría y todos seríamos paradójicamente más Quijotes solitarios de lo que somos ahora. Gracias a los libros, el hidalgo sale de su finca y conquista un mundo extraño ¿La utopía alimenta al loco, o es la falta de utopía la que genera la locura? Borges, Cela, Canetti y otros autores vivieron y murieron entre torres de papel. Todos sus universos fueron literarios y multilingües desde la infancia más tierna. Se hicieron al sabor de las bibliotecas. Otros como V. Alexaindre, gracias a la enfermedad se pararon a auscultar el vuelo de las golondrinas de Bécquer en los libros, y descubrieron el poder de la palabra tras los barrotes de su celda literaria, en el vuelo de las palabras por su intimidad desnuda y quieta por la enfermedad. Julián Marías y Javier, su hijo escritor, viven en una casa antigua de techos enormes, en Madrid, donde las mesas del comedor están ocupadas por torres de libros que han medio leído cuando cambiaban de habitación. Hay tantos que ya no saben donde ponerlos, y se apilan como cadáveres exquisitos en la memoria residente de sus ordenadores vitales. Los libros recogen la historia de nuestro interior, son las autopistas por donde vuela la vida de nuestra historia personal, artística y social. Los libros son demasiados, y nuestra vida es corta para leerlo todo. Sin ellos, acabamos confundiendo la imaginación con irnos de compras. Por eso hay que seleccionar. Vamos a leer para descansar, y no nos gusta que nos amarguen las pocas horas que nos quedan mientras leemos. Es necesario catalogar, filtrar, pues de aquí a unos años, muchos autores desaparecerán del escenario, y ya jamás se sabrá de ellos. Sólo permanecen los que atrapan el espíritu de su tiempo con destreza y realismo, aunque sea mágico. Pero, a veces lo que te pide el cuerpo, es picar de aquí y de allá, con natural desorden en libros varios, con la pasión desordenada de la vida que fluye sin tapujos. Publicado en Diario de Ibiza

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