lunes, diciembre 19, 2005

EL QUIRÓFANO

Entramos con los pies por delante a esa sala helada donde los médicos hacen chascarrillos y las enfermeras juegan al mus con el instrumental médico y nuestra vida. Nos hurgan las entrañas mientras caemos en un sueño vacío y blanco que nos arrebata hacia el éter de la nada. Fuera, nos espera un corazón al que le han aullado los lobos fríos del miedo y la soledad toda la noche. La cafetería visita a nuestras familias, y escuchan el tic-tac infernal del reloj de la sala verde. Verde es la sala, porque apaga el color de la sangre que se escapa sin pedir permiso. Salimos de allí, y no nos tenemos a nosotros hasta que unos ojos amigos nos recuerdan que somos mucho más que una verbena de músculos lisos y suaves. Para ellos somos un mundo, y esa sonrisa que se descorcha en la comisura de la boca como una riada de soles blancos, nos confirma que hemos vuelto, que la parca no nos ha sellado estos labios que siguen siendo los pulmones de nuestra alma y de todas las almas que se beben los jirones de palabras que disparamos como salvas a los que queremos, con ese claqué imperceptible que es nuestra voz, nuestros gestos, nuestro andar y nuestro ser. Nos necesitan, y cuando volvemos, estalla la paz del silencio íntimo, el amor vuelve a su centro, ese éxtasis de la intimidad que no necesita palabras. Y lo dejamos todo aparcado mientras colonizamos sin cesar un microcosmos de miradas que nos rodea. Demasiado flojos para hablar. Todo es demasiado, y nada es poco. Quizá, a eso se le llame vivir. Lo que no llevo conmigo, sobra. Y lo que llevo conmigo son los que quiero, porque sin ellos no tengo pista de despegue para otear el horizonte de mi utopía personal, y que es la única por la que mantengo que merece la pena penar y vivir. Ahora en verano, mientras los anuncios se llenan de rubias suaves y dolce vita, hay muchos que tienen que atravesar de repente el rubicón de un quirófano, y echarle un pulso a las tinieblas. Ojalá, tengan labrado el camino por una sobredosis de visitas y amigos. No todos tienen esa suerte, y a esos desgraciados les dedico estas líneas y les mando todo mi afecto. Publicado en Diario de Ibiza

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