sábado, diciembre 10, 2005

EL MONOLINGÜISMO

El límite de mi lenguaje, es el límite de mi pensamiento, de mi mundo, decía Wittgenstein. La lengua, es la pestaña que nos filtra el exceso de luz de las cosas a través de las palabras que ha inoculado en nosotros la tribu en la que nos socializamos. Si uno tiene la dicha de poder visitar otros atlas de geografía humana que son las lenguas extranjeras, penetra una puerta hacia el pasado y el futuro de una comunidad natural que usa la lengua para construir lo que la une y lo que la diferencia de los otros. Las poblaciones que han sido monolingüistas, conocen bien a fondo como suena el río de sus palabras. Pero, el Otro, con su lengua inhóspita, su cultura opaca, reta con su presencia nuestra voluntad totalizante. El país con una lengua distinta, humilla, porque crea extranjeros a esa comunidad, situando al viajero y visitante de fuera por debajo de ella. Ese muro se rompe, cuando un país se hace multilingüe, y se pasa de conocer algunas palabras solitarias, inacabadas e inconclusas como islas a un flujo de símbolos, que inundan y enriquecen para siempre las plazas de la imaginación y la memoria. H. G. Gadamer dice en su ensayo La Herencia de Europa, «no creo en absoluto en la idea de una lengua única (...) La lengua es principalmente lo que habla la comunidad lingüística natural, y sólo las comunidades lingüísticas naturales están en situación de construir lo que las une (...) La diversidad de lenguas europeas, la vecindad del Otro en un espacio reducido, se me antoja una verdadera escuela».En Europa existen actualmente unas cincuenta y tantas lenguas. En países como Suiza o Luxemburgo, los que más renta per cápita tienen del continente, hay cuatro y tres lenguas oficiales. En Luxemburgo, por ejemplo, se enseña alemán y francés indistintamente. Los universitarios tienen que estudiar en Francia o Alemania, porque no hay instituciones universitarias en el pequeño Luxemburgo. En Suiza, hay cantones donde en determinadas partidas se habla y enseña el Francés y otros donde se enseña el alemán. Si tienes que cambiarte de cantón, mala suerte, pero nadie se enfada. Se ve como algo normal. En su diversidad reside su fuerza. En ninguno de estos dos países hay ningún problema de identidad nacional, ni complejos de un idioma respecto de los otros. Quizá sea hora de comprender que la diversidad es una fuerza, para comprender el mundo, y no para perecer en él. Algunos echamos de menos a gente tolerante como Javier Tusell o Dionisio Ridruejo, que amaban la diversidad de la España plural. Este pim pam pum de energúmenos, la verdad, me cansa.

Publicado en Diario Informacion 10/12/2005

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1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Sí, hay mucho fundamentalista suelto por ahí. Unos alimentan a los otros. En las comunidades autónomas llamadas "nacionales" hay una fortísima presión nacionalista que impide que mucha gente se exprese libremente. No siempre la culpa es sólo del centralismo. También hay dictadura y opresión por parte de los que denuncian la opresión española. Claro, si uno calla y otorga no tienes ningún problema.

9:49 a. m., diciembre 12, 2005  

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