miércoles, diciembre 07, 2005

AÑOS

La mayoría de nosotros vuelve cada año al mismo sitio de veraneo. Las habitaciones huecas, se llenan de nuestra presencia. El denso pasado subsiste en los gestos, las palabras que se han quedado recogidas en los objetos de las habitaciones. Los vecinos nos saludan y hacemos recapitulación del año en unas frases breves. Los niños que gateaban, andan. Los que andaban en bicicleta, ya van en pandilla. Las niñas adolescentes calzan pareos que han robado a sus madres. Aquella chica de mirada dura, que ya estaba insertada en el torrente fáctico y real del mundo laboral, ha tenido un niño. Su mirada pétrea ha desaparecido de su rostro, superada por un torrente de emociones causadas por su hijo. Su sonrisa, es tímida, como si le diera vergüenza mostrar al mundo su enorme sorpresa por el milagro fácil que tiene entre sus brazos. Esa misma timidez y sorpresa hace más evidente el desbordamiento de su antigua autosuficiencia y dureza. La debilidad del pequeño la ha hecho más frágil, más humana. Ahora escucha los sonidos de la calle de una manera distinta. Por la tarde, cuando el sol peina los mástiles de los barcos, salen de paseo con el niño los abuelos y los nuevos padres que andan como astronautas por un planeta que acaban de redescubrir. Otro año más, que nunca será como los demás. Los ancianos miran sonrientes a nuestros hijos, mientras se sorprenden de lo que han crecido. Algunos se sostienen con un bastón que les ha quebrado un poco las ilusiones desde el invierno pasado. El mar se siente nada mas bajar del coche, empapándolo todo. Las tardes son ventosas, húmedas, llenas de sal. En la familia siempre hay alguien cercano que tiene cumpleaños. Las tartas de cumpleaños se llenan de velas, que los nietos intentan apagar de un tirón. La luz de las velas se agarra a esa superficie dulce y empalagosa de nuestro mundo. Cuantos más años, más velas, más luz que se abre camino en las fotos. Mientras, el brillo de nuestros ojos muestra el cansancio de la experiencia y un punto escéptico de cinismo, aguado o reforzado por nuestro microcosmos de amigos, familiares y vida profesional. Hay que dejar que la vida sea una mujer que baila, como decía Paul Valery, mientras otro año más se canta a todo pulmón el cumpleaños feliz. Publicado en Diario de Ibiza

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