jueves, mayo 26, 2005

LA BASURA

De niño, el peor insulto que te podían hacer era decir que tu padre era limpiabotas, basurero, o tu madre limpiadora. La profesión más despreciable del mundo era limpiar la basura de los demás. La basura era y es tabú, nadie quiere mancharse las manos. La industria, intenta alejar los costes medioambientales mediante la globalización. La basura del tercer mundo no existe para nosotros, y encima se produce más barato y se evitan impuestos.

Hace unos años el profesor holandés Kees Olie, el mayor experto mundial en dioxinas declaraba que “tomé muestras sin autorización del suelo de una fábrica de Tianjin y encontré dosis elevadísimas de dioxinas (…) Los operarios inhalaban en la cara los escapes de las calderas. Allí la vida humana no tiene ningún valor” (El País, 5/2/2001). El tercer mundo se ha convertido en el basurero del primero, tal y como se demostró en la tragedia de Bhopal, con 10.000 muertos.

Nuestro modelo de desarrollo asegura que una vez llegados al sistema socialdemocrático y liberal, el proceso de perfección es irreversible. Si se seguía el método correcto, si usábamos la razón correctamente y lo poníamos al alcance de todos, entonces llegaríamos al conocimiento objetivo. La modernidad eliminaría la basura de la ignorancia, la enfermedad, el subdesarrollo, pero ella misma no produciría basura alguna. No existían los efectos colaterales. Toda esta utopía no sólo se aplicaba al sistema productivo, sino a toda producción cultural y científica.

Pero la realidad, no es así. Vivimos rodeados de basura de todo tipo. Televisión Basura. Comida Basura. Contratos basura. Moda basura (ver: tallas para anoréxicas). Literatura basura (ver: El Código Da Vinci). Educación basura (ver LOGSE/ LOE: si no estudias, da igual porque te aprueban). Vacaciones basura (ver: fin de semana largo en Nueva York). Marcas basura (ver: falsificación de marcas). Abuelos basura (geriátricos). Horarios basura.

Casi ningún intelectual serio quiere analizar este problema, porque la raison d’etre de nuestro modelo, es un racionalismo tecnológico anónimo e impersonal que no contempla lo imperfecto, lo otro, lo débil. La lógica de la modernidad no contempla lo propio como necesitado de su complementario, donde uno está vivo por la tarea de muchos, donde el ser es dado y no sólo tenido.

En la posmodernidad, nos hemos dado cuenta de que sigue habiendo basura por un tubo. La solución nos la han traído los nuevos gurús M. Foucalt, J. Derrida, Baudrillard. Nos han contado que la realidad es representación, que no existe una realidad que podamos captar sino que todo es lenguaje que hemos creado. No existe el mal ni el bien, sino sensaciones, buenos y malos rollitos, pero a tu bola, y no me molestes. Lo importante no es el mundo, sino mi yo. Darle caña y montañas rusas de sensaciones a este parque temático interior mío. Esa es la más grande diversión. Divertirse hasta morir, como dice Neil Postman. Lo demás, no importa, porque no lo podemos arreglar.

Entonces, vendrá Sony, que acaba de nombrar como máximo ejecutivo al presidente de los estudios cinematográficos Columbia Pictures, para darnos un cachivache, una marca de hamburguesas, una siempre primavera de El Corte Inglés o el móvil que canta “la Macarena” en technoround, con el que escapar de la dura realidad ordinaria, previo pago del peaje en eurodólares correspondiente. En esta fase de la historia humana, no hay nada nuevo, porque lo nuevo está aquí, está disgregado pero dentro de cada uno. El circuito del yo-yo es el mayor descubrimiento, porque es el único sitio donde la basura no existe. A nuestro insaciable y neutro yo, hay que darle todo lo que pide, porque sino se asesinan los derechos humanos que sólo pueden reinar en el circuito del independiente, ilustrado, guapo y tolerante sin fin yo-yo opulento y occidental. Uno de cada tres niños muere en África, pero eso queda lejos, fuera. Un par de euros a una ONG y a correr.

Es importante que nuestro interior circule mucho por los pasillos de la autosugestión complaciente, que no piense, no analice por qué y para qué está aquí, sino que esté siempre de compras. Y como lo que importa a los productores de sensaciones-buen-rollito, es el beneficio y la realidad es una cosa asquerosa que no se debe mostrar lo sucia que está, y además no se puede cambiar, pues a producir a dos duros en China. Sobre las relaciones personales, lo importante es pasárselo bien. La bestia no puede anidar en el yo. El infierno son los otros, como dijo Sartre, y al final todo es choque de yoes, todo es choque genital, choque de cuentas corrientes, choque de gustos, choque, choque, choque. Y el otro, el de afuera, tiene la culpa. Pues se busca un recambio rápido, a hacer surf en la barra de algún bar perdido en la madrugada, a la búsqueda de algún charco que algún día fue mar donde abrevar siquiera un rato los instintos del coche de choque de mi egocentrismo insaciable. Todo es nada, y nada es mi yo. Pero, por lo menos es mío.

Y cuando seamos viejos, esa cosa que está tan terriblemente cercana, seremos un montón de basurita en un aparcamiento privatizado con el certificado de Sanidad, llamado geriátrico. Y si hay demasiada basura, pues unas pastillas y a fertilizar el subsuelo del monte, dando verde a los pinos y amarillo a la genista. Pero eso sí, que no pongan el Tanatorio en mi barrio, que molesta. Los viejos, los enfermos, los niños, las embarazadas al aparcamiento. Los detritus que impiden la productividad perfecta, fuera del sistema.

Publicado el 19/05/2005 en forum libertas

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